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3 de marzo de 2017

ORACIONES PARA ALABAR A DIOS

Son tan numerosos y múltiples los senderos que nos conducen a Dios.

Miles de credos y disciplinas espirituales han suscrito y exaltado los beneficios de la oración.

Miles de millones de personas han orado en todas las épocas, en todas las religiones, y en cada una de ellas de una manera muy particular exclusiva, irrepetible y personal. Existen tantas formas de orar como personas viven y han vivido en nuestro planeta.

La variedad de formas que de orar varía también en cada país, religión o cultura.

Algunos oran en la silenciosa quietud de sus aposentos, otros en la iglesia, y los más escépticos solo en situación de indefensión y de apremiante peligro. Pero todos tenemos algo para decirle al Creador.

Repetir con fe una y otra vez frases positivas es el modo tradicional de comunicarnos con Él.

Cada uno de nosotros elije de manera libre y espontánea su modo de orar y meditar según su personalidad y fines particulares.

Más allá de las formas de orar, lo importante es la fe que se tiene, el mensaje de gratitud al Creador y la capacidad de generar en nosotros un altísimo nivel de confianza en Dios.

La oración es comunión espiritual con Él y fé en su capacidad de sanar,  reformar, y saber que todas las cosas son posibles para Dios.

Lo que más necesitamos con la oración se expresa en el deseo de sentir calma, humildad, amor, paz, armonía y el poder hacer buenas obras. Es poder alejarnos del mundo material y de todo lo que nos perturba.

Dios siempre escucha nuestras oraciones. La oración del justo es poderosa y eficaz.

El fervor es el más importante ingrediente de una oración eficaz. El que ora sin fervor no ora en lo absoluto. El fervor es el alma de la oración. El fervor hace que la oración ascienda al Cielo como un grato perfume.

La palabra es sonido, el sonido es vibración, la vibración es energía, la energía es el fuego de la oración.

Mediante la oración logramos liberar la mente, logramos sosiego, aumentamos nuestra energía, mejoramos nuestras relaciones con los demás y exaltamos el amor a Dios y al prójimo.

No nos podemos limitar a la repetición de los sonidos sagrados que también son un vehículo para la oración, sino que debemos establecer una íntima comunicación con Él y que se refleje en buenas acciones.

Más importante que la forma de orar es el poder percibir que nuestras oraciones están dando resultados al lograr certidumbre, poder personal, alegría de vivir, paz, armonía, amor ilimitado, y una fe absoluta en nuestras posibilidades.

Orar nos da calidad de vida, nos distancia de estados neuróticos, nos aleja del miedo y de perturbaciones y de emociones nocivas. Mediante la oración encomendamos a Dios nuestros problemas y le pedimos sabiduría para poder resolverlos.

La oración fervorosa nos llena de energía divina y nos ubica existencialmente en el Ahora… en el único tiempo real… en el tiempo que nos tiende la Vida…

Orar es una amorosa energía

No hay un tipo de oración mejor a otra. La oración no es un fin en sí mismo, sino un medio para restablecer nuestra conexión con Dios y su sagrada energía (la del Amor).


La oración es capaz de transmitir la energía divina, sin importar el credo religioso o la filiación espiritual. Lo importante es el efecto que tenga la oración en ti; lo importante es saber si la oración eleva tu nivel de conciencia, si provee paz a tu pensar y si te llena de Amor.

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