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9 de diciembre de 2016

TAN MALO ES PENSAR POCO COMO PENSAR MUCHO.


De todos es sabido que pensar es algo bueno. Al fin y al cabo es lo que nos define como especie, somos el “Homo Sapiens Sapiens”. Pensamos, luego sabemos. Sin embargo a pesar de formar parte de la misma especie no todos pensamos de la misma forma. Faltaría más. Hay personas que piensan poco a las cuales les bastaria tan sólo uno de los dos “Sapiens”. Por el contrario hay personas que piensan de más y le dan muchas vueltas a la cabeza ante cualquier pequeño problema. Eso tampoco es una muestra de inteligencia.

Las consecuencias de darle muchas vueltas a la cabeza no son nada buenas: estancamiento, frustración, cansancio, ansiedad e incluso enfermedad. Cefaleas tensionales y dificultad para dormir.

Deja de buscar la perfección
Ser ambicioso es fantástico. Sin embargo buscar incesantemente la perfección es algo irreal e improductivo. Más vale seguir moviéndote en una dirección que sabes que es la correcta en lugar de permanecer parado hasta saber cuál es el siguiente paso perfecto.

Déjate llevar por la intuición
En algunas ocasiones esperamos y analizamos profundamente todos los datos antes de tomar una decisión. La naturaleza de algunas decisiones impide que por mucho analizar una situación podamos averiguar cuál es la alternativa correcta. Deja de analizar y toma una decisión guiándote por la intuición. Sólo el tiempo te dirá si ha sido la elección acertada.

Sé Proactivo
Abandona la teoría y sumérgete en la práctica. Haz al menos una cosa cada día que te acerque un poco más a esa persona en la que te quieres convertir. No esperes a dominar una determinada habilidad antes de ponerla en práctica. El dominio sólo se consigue a través de la práctica. La teoría es buena al principio, pero mucha teoría sin práctica puede convertirse en un callejón sin salida. Es la misma sensación que tienes antes de un examen cuando has estudiado tanto que comienzas a dudar de todo.

Crea un plan
Una excelente manera de evitar pensar demasiado es crear un plan de acción y ajustarnos a él. Cuando tenemos un plan de acción y unas fechas para acabar un determinado proyecto no perdemos el tiempo pensando de más y nos focalizamos en el trabajo.

Deja de justificarte, racionalizarte y explicarte
A ti mismo aquello en lo que te has equivocado o no has podido hacer. Eres una persona como cualquier otra y también te equivocas. Te has equivocado. Punto. Deja de darle vueltas. La próxima vez lo harás mejor. Intentalo y observarás lo liberador que es este pensamiento.

Sal de tus pensamientos
Eckhart Tolle en su libro “El poder del ahora” habla de encontrar ese lugar tranquilo y relajante más allá de tus pensamientos. Se trata de un lugar donde habitan la calma y la libertad. Encontrar este lugar requiere de un gran esfuerzo y entrenamiento. Pero, según dice el autor, una vez lo encuentres te será más fácil volver a él cada vez que quieras. No somos conscientes de lo difícil que es paralizar el pensamiento hasta que no lo hemos intentado. Más que el hecho de intentar, en realidad se trata de aceptar. Aceptar el caos que te envuelve y poder salir de él. Todo esto se acerca a la meditación.

Aprende a gestionar tus pensamientos
Imagina que tu cabeza es un bloque de apartamentos. Cuando quieres llegar a algún lugar del edificio siempre te encuentras en el pasillo al vecino del 2º piso que te dice “podías haberlo hecho mejor”. Otras veces te encuentras a la vecina del 4º que te dice“quedaste como un idiota, no vuelvas a hacer nada parecido”.
Todos tus pensamientos son cada uno de los vecinos que viven en el edificio. A pesar de que sabes muy bien a dónde te diriges, cada vez que te los encuentras te distraen y te hacen dudar de tu camino. Debes aprender a evitar a estos vecinos y tratar de echarlos del edificio. De esta manera liberarás espacio para alojar nuevos vecinos más creativos y productivos.

Házte las preguntas correctas
Una de las principales razones por las que pensamos tanto es porque no nos estamos haciendo las preguntas correctas. Nos hacemos preguntas sesgadas y fatalistas que nos impiden vislumbrar la solución a un determinado problema y como consecuencia le seguimos dando vueltas a la cabeza.

Hazte preguntas positivas, prácticas, productivas y orientadas a la resolución de problemas

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