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29 de diciembre de 2016

PAPA FRANCISCO SEAN SIEMPRE MISIONEROS DEL EVANGELIO



Para conocer al Señor es necesario cultivar el trato con Él: escucharlo en silencio ante el Sagrario, acercarse a los Sacramentos.
Qué dulce es ponerse delante del Crucifijo, quedarse simplemente bajo la mirada llena de amor del Señor. (EG 264)
El cristiano está siempre dispuesto a anunciar el Evangelio, porque no puede guardar para sí mismo el gozo de conocer a Cristo.
Para nosotros, la Eucaristía es algo esencial: en ella Cristo quiere entrar en nuestra vida y llenarla con su gracia.
Queridos jóvenes, sean siempre misioneros del Evangelio, cada día y en todo lugar.
Pido a la comunidad internacional que proteja a todas las víctimas de la violencia en Iraq.
Dios es muy misericordioso con nosotros. Aprendamos también nosotros a tener misericordia con los demás, especialmente con los que sufren.
Que la alegría del Evangelio esté siempre en sus corazones, especialmente en este tiempo de Navidad.
¿Quién puede presumir de no ser un pecador? Ninguno. Pidamos perdón al Señor por nuestros pecados.
La Iglesia y la sociedad necesita familias felices. 
Los sacramentos son la presencia de Jesucristo en nosotros. Por eso es importante confesarse y comulgar.
No olvidemos el clamor de los cristianos y de cuantos sufren persecución en Irak.
Nunca nos dejemos arrastrar por la vorágine del pesimismo. La fe mueve montañas.
La Iglesia no tiene otra razón de ser ni otra finalidad que dar testimonio de Jesús. No lo olvidemos.
Les ruego que dediquen hoy un momento a rezar por todos aquellos que son obligados a dejar su casa en Iraq. 
Queridos jóvenes, Jesús quiere ser su amigo; y quiere que ustedes transmitan por doquier la alegría de esta amistad.
Los santos no son superhombres. Son personas que tienen el Amor de Dios en su corazón y comunican esta alegría a los demás.
Hoy plantamos el primer olivo virtual por la paz. 
Cristo en la cruz nos enseña a amar, también a los que no nos aman.
La desigualdad es la raíz de los males sociales.
Si alguien nos pide ayuda, ¿nos paramos? ¡Hay tanto sufrimiento y pobreza, y tanta necesidad de buenos samaritanos!
Aprendamos a “perder” la vida por Cristo, según la lógica del don, del sacrificio. Con Cristo no perdemos nada.
Acojamos a Cristo en nuestra vida, ocupémonos unos de otros, respetemos la creación con amor.
Queridos jóvenes, no renuncien a soñar por un mundo más justo.
María, Reina de la paz, ayúdanos a erradicar el odio y a vivir en armonía.
No se puede separar a Cristo de la Iglesia. La gracia del bautismo nos da el gozo de seguir a Cristo en y con la Iglesia.
Gracias, amigos coreanos. Con la ayuda de Dios, volveré muy pronto a Asia.
Las noticias que llegan desde Iraq nos entristecen. Señor, enséñanos a vivir en solidaridad con los hermanos que sufren.
Pidamos por la paz: paz en el mundo y en todos los corazones

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