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8 de diciembre de 2016

LA INTEGRIDAD ES LA COHERENCIA ENTRE EL PENSAMIENTO Y LA ACCIÓN



¿Por qué son tan pocas las personas que llevan una vida íntegra?
¿A qué se debe la inconsistencia de nuestras acciones?
¿Cuáles pueden ser las soluciones y las perspectivas que nos ayuden a ser coherentes con aquello que profesamos?

La integridad supone un valor vital para poder prosperar en el camino de la vida. Es el compromiso fáctico entre pensamiento y acción. Nada de verdadero valor y crecimiento puede ser obtenido sin la aplicación constante y decidida de un propósito íntegro, es decir, aquel que está en consonancia con nuestros más profundos pensamientos.

La realidad circundante nos muestra un modelo fluctuante de la existencia. Los parámetros de valor oscilan como si de estaciones se tratase. Nada tiene un valor imperecedero, genuino e inherentemente positivo. El comportamiento íntegro queda suplantado por patrones de “conveniencia”. Nuestras actitudes se amoldan a lo que la circunstancia demanda o requiere, produciendo así maneras de ser camaleónicas, poco íntegras y consistentes. ¿Y qué es lo que genera esta pobre actitud en los demás y en ti mismo? Una enorme desconfianza.

Por otro lado, abunda una manera de ser generalizada en las personas, las cuales, pregonan una serie de actitudes y pensamientos, pero modelan otros absolutamente distintos. Podríamos llamarlo el síndrome de la inconsistencia y la deshonestidad.

Establecen una serie de parámetros o códigos sobre los cuales cimientan su existencia, pero las distintas personalidades que “tienen” que adoptar según las circunstancias y los ambientes, modifican claramente su visión. Dejamos de ser nosotros mismos, para vivir una vida sin protagonismo, dejamos de ser coherentes con nuestra más profunda visión para satisfacer las demandas de otros. Dejamos de ser íntegros y verdaderos en cada una de nuestras intenciones para ser personas que se muevan en la frontera de lo políticamente correcto.

Puede ser que esta actitud nos ahorre algunos disgustos y nos permita contentar a la gran mayoría de personas, pero en el fondo de nuestro ser sabemos que no estamos actuando conforme a los dictados de nuestro corazón.

Se produce un grave desajuste de nuestra integridad. Cuanto mayor sea la diferencia entre nuestras acciones y nuestros valores, peor funcionará nuestra vida y menos felicidad obtendremos de ella. ¿Cuál es la razón de esto? La razón es que tus palabras no van acompasadas por tus actos.

Se produce un potente conflicto interno, ya que no podemos eludir el mensaje de nuestra conciencia, la cual nos insta a seguir nuestro particular camino hacia la realización. Puedes ignorar o no tener en cuenta aquello que sabes que debe hacerse, pero jamás puedes mitigar la voz de tu conciencia.

Es en la reflexión interna de este pensamiento cuando la integridad entra en juego. Tomas conciencia de que no puede haber felicidad, crecimiento y contribución, si tu manera de ser no se ajusta a tus valores y visiones más profundos. Es aquí cuando se produce el cambio necesario hacia la verdadera realización. Te conviertes en aquel que actúa según lo que piensa, que lidera con el ejemplo de la acción.

Ralph Waldo Emerson refleja la supremacía de la acción con este poderoso pensamiento: “Lo que estás haciendo habla tan alto que no puedo oír lo que me dices”. Puedes afirmar que tu principal prioridad es tu familia, pero si tu familia no aparece de manera clara en tu programa de actividades, lo único cierto es que tu familia no constituye tu principal prioridad. Tu acción diaria es la que habla por sí misma y catapulta tu manera de ser a la máxima integridad o a la pobre inconsistencia.

La integridad resulta clave para establecer relaciones sólidas, productivas y de confianza. Es un valor que deja constancia de nuestro compromiso y responsabilidad con todo aquello que emprendemos.

Crea un entorno positivo y seguro, el cual, aspira a los más altos estándares. Toda persona que ha llegado a la cima, ha sido una persona que actuado con integridad en cada paso necesario que se debía dar para cumplimentar sus objetivos. La integridad, en cierto sentido, es la verdad esencial de lo que eres, reflejada en tu actitud. Es el máximo nivel de congruencia.

Tu vida puede dar un poderoso vuelco si eres capaz de aplicar con firmeza y tenacidad esta visión. Te convertirás en aquel que predica con el ejemplo, aquel que deja constancia en cada momento de su existencia sus valores y su enfoque.


Vivirás de manera armoniosa y feliz, sabiendo que tu vida es un fiel reflejo de tus más profundos pensamientos y anhelos. Empieza hoy mismo a manifestar la más alta versión de tu ser siendo íntegro con cada pequeña huella que quieres dejar en este mundo. Tu vida no volverá a ser igual, te lo aseguro.

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