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17 de noviembre de 2016

CADA DÍA SOY MÁS PACIENTE


Busca una semilla y contémplala absorto cuando sientas que la paciencia se te fue del corazón.

Obsérvala, cierra luego los ojos, y visualiza un frondoso árbol al que ella le dará vida.

Visualiza el largo y lento proceso que va de esa diminuta semilla hasta un árbol lleno de frutos.

Luego ora y pide a Dios esa paciencia que hace verdaderos sabios y te da fuerza para perseverar y estar sereno.

Haz de esta frase un mantra y repítela hasta que se convierta en una ley de vida: “Cada día soy más paciente y calmado”.

Si te lo propones tendrás la paciencia del pescador que arroja la red sin fatigarse hasta que pesca algo.

Si así lo quieres serás paciente con tus fallas y más paciente aún con las fallas de los demás.


La paciencia es tu mejor amiga para convivir sin pelear, sin alterarte, es tu aliada para ser feliz.

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