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9 de octubre de 2016

COMO ALCANZAR LA SABIDURIA


Aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información (Albert Einstein).

¿Te has preguntado alguna vez qué es ser una persona sabia?

Desde que existimos, los humanos siempre nos hemos interesado por la sabiduría y hemos tratado de alcanzarla. Aunque ha sido siempre la filosofía la encargada de abordar este tema, desde hace algunos años los psicólogos tratan de estudiar quiénes somos sabios y por qué.

Para empezar, podríamos decir que la sabiduría es una fortaleza psicológica que no todos alcanzamos.

Entonces, ¿no todas las personas mayores son sabias?
Popularmente se ha creído que las personas de más edad son sabias, o al menos más sabias que aquellas más jóvenes. Aunque es cierto que la sabiduría está ligada a la experiencia, no lo está a la edad.

Entonces, ¿qué es ser sabio?
La psicología ha definido la sabiduría como un conjunto de conocimientos sobre los asuntos fundamentales de la vida (Paul Baltes). Entre estos asuntos se incluirían aspectos relacionados con la planificación de la vida, la gestión y el manejo de asuntos vitales, así como la revisión vital.

Una persona sabia es aquella que establece metas y los esfuerzos para alcanzarlas, conoce la mejor manera de hacer frente a situaciones problemáticas y, además, sabe cómo dar significado a lo ya vivido para verlo como un todo con sentido y que ha merecido la pena ser vivido.

Se trata de personas que tienen una gran cantidad de conocimiento sobre los aspectos prácticos de la vida real; conocimiento adquirido a través de la experiencia.

El desarrollo de la sabiduría no está relacionado con el paso del tiempo, sino con las experiencias que cada persona ha vivido (tanto positivas como negativas) y cómo ha respondido a ellas.

El paso del tiempo hace que vivamos más experiencias, pero la edad no necesariamente hace a una persona más sabia. Lo que la hace serlo es la forma en que maneja dichas situaciones y las utiliza para crecer.

Siguiendo la cita de Albert Einstein, no se trata de una persona experta en un determinado tema, ni de una persona que ha memorizado una gran cantidad de información, sino de aquella que ha aprendido a través de su experiencia vital y que, además, aplica este conocimiento a resolver acertadamente problemas cotidianos.

Ya que se adquiere a través de la propia experiencia, la sabiduría no es algo que se pueda transmitir de unas personas a otras, sino que deben ser ellas mismas las que crezcan y se desarrollen hacia esta virtud.

La persona sabia posee gran cantidad de conocimientos declarativos (saber qué) acerca de la vida, además de extensos conocimientos prácticos (saber cómo) de la misma.

Para Paul Baltes estos son los cinco criterios que definen a una persona sabia:

Posee ricos conocimientos prácticos sobre la vida.
Tiene conocimientos procedimentales para poder llevar a la práctica las decisiones tomadas.
Sabe situar en el contexto apropiado los distintos comportamientos, propios y ajenos.
Posee una gran sensibilidad a las perspectivas, valores y objetivos de los demás.
Tiene una gran capacidad para afrontar lo impredecible e inesperado.
Además de poseer esta gran cantidad de conocimiento práctico, las personas sabias se caracterizan por utilizar esta virtud para mejorar su bienestar y el de los demás. Se trata entonces de una forma de inteligencia social y emocional.

En definitiva, una persona sabia es aquella que es experta en la vida.


La sabiduría es una capacidad pragmática que orquesta la mente y la virtud hacia la excelencia (Baltes y Staudinger, 2000).

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