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1 de septiembre de 2016

LAS PREGUNTAS SON UNA FUENTE ILIMITADA DE OPORTUNIDADES


Las preguntas tienen la genuina capacidad de permitir aflorar lo verdaderamente importante en las personas. Poseen una cualidad maravillosa que suscita reflexión, creatividad y un replanteamiento relevante acerca de los valores, creencias y objetivos que nos mueven a ser lo que somos, y a desempeñar un papel y rol específico en el mundo.

Como decía acertadamente Sócrates, las preguntas son como un alumbramiento, un “parto” del cual se genera una nueva realidad y enfoque, un nuevo modo de ver el mundo y la relación estrecha que se tiene con él. La mayéutica busca dar lugar a un nuevo conocimiento a través del cuestionamiento y la indagación. Todos los seres humanos poseemos la capacidad intrínseca de visualizar con acierto las demandas y verdades que conectan de manera precisa con lo que nuestro ser anhela alcanzar y manifestar.

Esto es así, debido a que todos nosotros sin excepción, poseemos las respuestas y los recursos disponibles en nuestro interior para alcanzar satisfactoriamente nuestro objetivo. Y la forma más acertada y esclarecedora para profundizar en esas respuestas reveladoras, es por medio del arte de preguntar.

Hay un relato Zen acerca de un hombre que busca desesperadamente algo bajo una farola. Un peatón se detiene para ayudarle y le pregunta:

¿Qué está buscando?
Mis llaves -responde el hombre.

¿Dónde las ha perdido? -pregunta el buen samaritano.
Oh, las perdí en casa -contesta el hombre.

Un momento -dice el esforzado caminante- ¿las perdió en casa y las busca aquí en la calle?
En casa está oscuro -responde el hombre- y no puedo ver. Aquí hay más luz, de modo que prefiero buscar aquí.

La clave en las preguntas es intentar arrojar luz en los lugares adecuados, ya que de no ser así, no podrán ampliar nuestra perspectiva, ni nuestro ángulo de visión sobre las experiencias vividas con anterioridad.

Las preguntas potentes son como linternas que despejan un camino lleno de bruma y oscuridad. Cuando formulamos a una persona una pregunta potenciadora, le brindamos la oportunidad de que ésta reflexione sobre su experiencia y sus recursos de una manera diferente y más creativa, siendo capaz de contemplar su jardín mental con brotes nuevos, espléndidos y vigorosos.

Las preguntas poderosas responden a un paradigma claro de ejecución:
Suelen comenzar con la palabra “qué”: Las preguntas encabezadas por la palabra “qué” acotan la realidad de una manera más específica y concreta, lo que ayuda a centrar el objetivo de una manera más efectiva.

Conducen a la acción: Las preguntas poderosas están orientadas a las soluciones. No basta comprender intelectualmente un problema para tener éxito. Hace falta abordarlo con acciones concretas y específicas que ayuden a su consecución.
Están orientadas al objetivo y no al problema: Las preguntas están orientadas a cómo descubrir y alcanzar con acierto el objetivo que se persigue. Indagar en los problemas trae consigo un estado mental improductivo, desde el cual resulta difícil abordar con creatividad las opciones disponibles para concretar nuestra meta.
Nos llevan hacia el futuro deseado: Las preguntas poderosas señalan el camino que deseamos cimentar partiendo de una base nueva anclada en las posibilidades que proporciona el presente. No resulta indispensable comprender como se originó el problema, esto no aporta valor, convicción y creencias potenciadoras que nos ayuden a emprender un nuevo rumbo con la mayor motivación posible.

Resulta relevante también ser conscientes del lenguaje tanto verbal como no verbal del receptor. Esto proporciona al emisor una directriz clara sobre cómo encarar y confrontar el mapa del receptor de manera respetuosa y clara cuando sea necesario. Es decir, si el emisor aprecia que el receptor incurre de manera continua en generalizaciones del tipo: “nunca he sido bueno para esto”, el emisor puede preguntarle: ¿Recuerdas alguna experiencia u ocasión en el que sí te desenvolviste con seguridad en aquello que hacías? ¿Qué sentiste al respecto? Esta pregunta lleva implícita el hecho de que sí ha tenido seguridad, y es bueno en muchas experiencias que ha emprendido, el sesgo por tanto es potenciador, y le insta a encontrar una mejor respuesta.

Del mismo modo, las palabras de presión (debería, tengo que, tendría que) suponen otro obstáculo inconsciente con el que el receptor boicotea su objetivo. A menudo estas palabras implican una regla, práctica o “deber” que el receptor tiene que cumplir. Este cumplimiento no emana de su voluntad o deseo sino de un deber, por lo que resulta importante que el emisor confronte esta realidad de la manera más efectiva posible. Preguntas como: ¿Qué pasaría si no lo hicieses? ¿Quién dice eso? ¿Cuán importante crees que de verdad eso es para ti?, ayudan al receptor a explorar su realidad con más acierto.


En conclusión, las preguntas suponen una fuente ilimitada de oportunidades y opciones en cualquier ámbito o desempeño de la vida personal y colectiva. En su seno reside el afán perpetuo y eterno del ser humano de progresar y concebir, nuevas y mejores formas de evolucionar y crecer. ¿Deseamos optar a la grandeza que nos pertenece?

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