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9 de junio de 2016

SI ES POSIBLE VIVE SIN ESTRÉS


Si piensas que la vida te pasa a toda prisa, baja el ritmo con la ayuda de estos útiles consejos.

Busca el equilibrio.
El estrés se dispara cuando hay un desequilibrio entre nuestras exigencias y nuestras posibilidades. Ante eso, podemos o bajar nuestras expectativas -no pasa nada porque un día, por culpa del tráfico, lleguemos tarde al trabajo- o bien  intentar organizarnos mejor- salir con más tiempo de casa-.

Separa el grano de la paja.
Nuestra energía tanto mental como psíquica tiene un límite. Distinguir prioridades de lo que es secundario te ayudará a dirigir mejor todos tus esfuerzos y a adaptarte a los imprevistos. Adam J. Jackson, autor de libros de salud y bienestar, sugiere una fórmula antiestrés que consiste en "primero no preocuparse por las cosas pequeñas y Segundo no  recordar que casi todas las cosas en esta vida son pequeñas".

Gana eficacia.
Las personas estresadas tienden a dispersarse y a frustrarse con mayor facilidad. Si a pesar de organizarte bien, tienes que hacer juegos malabares para llegar a todo (en el trabajo, en casa...), pide ayuda.
¿De verdad tienes tanta prisa? Muchas veces, nos aceleramos por pura inercia  no por necesidad. Antes de echar a correr para coger el metro que oyes acercarse, piensa si, realmente, te va de esos pocos minutos que tardará en llegar el próximo. El escritor austriaco Karl Kraus decía  que "la velocidad no sirve de nada si te deja el cerebro por el camino".

Cambia el chip.
Busca recursos que te ayuden a dejar los problemas del trabajo en la puerta de tu casa. Ponerte ropa cómoda o darte una ducha de agua caliente ayuda tanto como crear un ambiente acogedor -poner música, encender velas, etc.-

Disfruta tu tiempo.
Nuestra obsesión de mantenernos activos, incluso en el fin  de semana  nos hace llenar la agenda de actividades que, a veces, ni somos  capaces de disfrutar. La mejor terapia: dedicar parte de nuestro tiempo a algo que nos apasione, sin buscar más provecho o rendimiento que el placer que nos da.

Apaga la alarma.

Recuerda, además que no  nos sentimos mal porque estamos estresados, sino que estamos estresados porque  el ajetreo de la vida que llevamos nos hace sentir mal. Si abordas las causas, pronto te sentirás más realizado/a y satisfecho/a.

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