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18 de junio de 2016

ESCUCHAR TU CORAZÓN PODRÍA SALVARTE LA VIDA


Para Aristóteles, el corazón era la casa del alma; los egipcios dejaban el corazón dentro del cuerpo, pero removían y almacenaban los demás órganos, pensando que era ahí donde residía el ka, o sustancia primordial del faraón.

Incluso la cultura popular suele asociar el corazón a las emociones, de manera que sentimos “corazonadas” y no “cerebradas” al referirnos a intuiciones. Pero resulta que esto podría tener una base neuronal.

El neurólogo Agustín Ibáñez de la Universidad Favarolo de Buenos Aires trató a un paciente al que llamaremos Carlos, con una curiosa particularidad: sentía dos corazones.

Carlos se sometió a una operación para instalarle un dispositivo que le ayudara a su débil músculo cardiaco a bombear sangre, pero atravesó por una extraña consecuencia. Cada segundo o poco más, Carlos sentía la vibración de su marcapasos en el estómago. Al modificar el cuerpo del paciente, la medicina también modifica la mente: Carlos actuaba, pensaba y se sentía diferente después de la operación.

Esto puede explicarse a través de la “interocepción”, es decir, la capacidad de percibir el movimiento interno del cuerpo. A decir de William James, las emociones se revuelven en un movimiento de ida y vuelta entre el cuerpo y el cerebro; según esta teoría, el cerebro es capaz de registrar intelectualmente una amenaza, pero es nuestra interocepción o conciencia del aumento en el latido del corazón, lo que activa el reflejo de huida y alerta. En cierto sentido, una corazonada es tanto la intuición intelectual de un suceso como la reacción corporal a él.

Un pequeño ejercicio de interocepción consiste en contar los propios latidos del corazón sin tocarse el pecho. Una de cada cuatro personas logra una precisión del 50%, lo que implica que habitamos nuestro cuerpo sin ser completamente conscientes de él; nuestra forma de vida moderna no necesariamente depende del reflejo de huida y ataque, por lo que escuchamos muy poco los mensajes que nuestro cuerpo nos envía en forma de intuiciones y corazonadas.

Esta percepción interna del propio cuerpo es lo que explicaría cosas como el síndrome de la mano ajena, el miembro fantasma, y la extraña sensación que Carlos tenía en el estómago a causa de su marcapasos. La gente con alta interocepción ha reportado mayor sensibilidad para reconocer las emociones faciales en los demás, y también para evitar amenazas potenciales.

El misterio de la interocepción se explica como la capacidad de reaccionar intelectual y visceralmente a una amenaza o intuición; y más que un misterio, se trata de la habilidad para desarrollar una comunicación con nuestro propio cuerpo.

Los daños en la ínsula (la zona del córtex cerebral implicada en la percepción corporal, la percepción emocional, la toma de decisiones y el sentido del yo) provocan una fuerte despersonalización que puede desencadenar depresión. 

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