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3 de mayo de 2016

LAS 2 VERSIONES DE EL TIEMPO MUERTO


LA VERSION DE HECTOR ABAD FACIOLINCE

“Tenemos tantas cosas para matar el tiempo que ya nunca tenemos tiempos muertos. Yo, como todos, me estoy enloqueciendo. 

Yo no soy yo, como usted ya no es usted, o no es usted solamente. Somos nosotros, más las prótesis a las que vivimos conectados: aparaticos de bolsillo, objetos inalámbricos, pantallas titilantes, jueguitos, una lista infinita de personas on-line, como felinos al asecho, que interrumpen para lo más anodino, lo más importante o lo más fútil. 

Es imposible pasar una hora (otros un minuto) sin controlar dónde está tal, por dónde viene aquel, quién ha escrito o no ha escrito, cómo sigue tal otra, con quién está tal cual. Todo se va convirtiendo en mensajes breves e instantáneos. Mis amigos ya no vienen a comer y a conversar a mi casa: vienen a revisar sus correos y a mandarse mensajes mientras fingen que su mente está conmigo. 

No, su mente está en todas partes, y una fracción está también aquí, pero en realidad tienen el cerebro dividido en gajos de atención, como si fuera una naranja, y a nadie le dan la fruta entera. No son ellos completos los que me están haciendo una visita o teniendo una conversación seria. 
¿Cómo pueden chatear y chuparse un helado al mismo tiempo?
Cada vez noto más, cuando me llaman, que en vista de que estoy mirando al mismo tiempo la pantalla del computador, mi atención es flotante, no del todo presente en la situación, y a duras penas consigo entender lo que me están diciendo. 
Cada vez noto más, cuando yo llamo, que a mí también me prestan una atención distante, distraída, de cerebro dividido en varias funciones al tiempo. No hay concentración, no hay secuencias, hay saltos. 
Estamos rodeados por mareas de autistas hiperactivos y dispersos. Ya no hay quien crea que alguien está hablando solo o está loco cuando va por la calle hablándole al viento: no, está hablando con alguien a través de un micrófono inalámbrico y un audífono invisible. Ya no hay nefelibatas, ya nadie vive en las nubes: todos están conectados a algo o a alguien todo el tiempo: pasan trotadores conectados al ipod, no dejan de chatear o de mandarse sms. 
Antes había casos, cuando el avión aterrizaba, de unos pocos adictos que corrían a fumarse un cigarrillo; ahora nadie parece adicto porque todos lo somos: lo primero que hacemos cuando el avión toca tierra es prender el teléfono. Y hasta hay idiotas que gritan en la cabina: “recuerde que esto que le estoy diciendo es muy delicado y muy confidencial”, pero lo esparcen a los cuatro vientos.
Al montarme al carro pienso en las llamadas que haré para no perder tiempo mientras esté en semáforos largos o en embotellamientos de tráfico. No hay tiempo muerto, no hay un instante para estar ensimismado, para mirar el paisaje, para recoger los pedazos del alma, para armar el rompecabezas de las ocurrencias, para rumiar una frase que se quiere escribir, para pensar en algo que se oyó o que se nos ocurrió, en suma, para aclarar las ideas.
Me atormenta la vida el hecho de pasar el día entero frente a una pantalla (ya muchas menos horas del día las paso frente a las páginas de un libro o frente a la contemplación sedosa y sedentaria de un árbol, un lago o una montaña) salpicando entre temas, con una atención dispersa. Hay quienes dicen que si el cerebro no descansa con una pausa en los estímulos, poco se aprende. 
Todos parecemos muchachos con déficit de atención: saltando de una cosa a otra, saltando aquí y allá, enloquecidos. Si alguien mete las patas ya no se da un codazo: se manda un mensajito por el Blackberry.
La televisión ya es un mueble viejo: a nadie se le ocurre pasar el tiempo concentrado en un buen programa. Comparada con las nuevas tecnologías, la televisión parece tan anticuada como un libro encuadernado en pergamino. ¿Qué es una telenovela, comparada con la telenovela real del Facebook o del Twitter? Ya no hacemos casi nada porque nos pasamos el tiempo haciéndolo todo al mismo tiempo y hemos descuidado las verdaderas cosas importantes… Ya no estamos aquí porque nos la pasamos conectados a otra parte, en otro mundo”..






LA OTRA VERSION DE EL TIEMPO MUERTO

Tenemos tantas cosas para hacer que ya nunca tenemos tiempos muertos.

Vivimos conectados con amigos, con clientes y con familiares mediante celulares, computadores y tabletas.

Es imposible pasar una hora (ni un minuto) sin controlar el celular, mediante aplicaciones como facebook, Pinterest, youtube, blogger, portales de noticias, paginas del clima, de noticias y del comportamiento de la bolsa de valores, juegos, etc…
Hoy podemos estar conectados mas tiempo con nuestros familiares e hijos e incluso saber dónde se encuentran y con quien relacionan.

Todo hoy en día se agiliza mediante la web y mediante mensajes breves e instantáneos.

Los amigos ya no tienen que venir a casa: Podemos hablar o chatear con ellos cuando queramos y a un costo muy bajo. Podemos revisar en cualquier lugar los correos y enviarles mensajes a los amigos y comunicarnos inmediatamente con ellos cuando los tengamos presentes.

Nuestra mente puede estar en todas partes, y nuestro cerebro lo podemos utilizar con todo su potencial haciendo incluso múltiples tareas al mismo tiempo.

Podemos hablar por teléfono mientras miramos la pantalla del computador, y entender lo que me están diciendo o conducir vehículo y hablar teniendo el dispositivo de manos libres.
No hay tiempo de aburrirnos.

Gracias a las redes sociales podemos encontrar viejos amigos y comunicarnos con ellos sin importar la distancia donde se encuentren, ni la hora, porque podemos enviarles un simple mensaje de saludo. Amigos con los que anteriormente era muy difícil y costoso comunicarnos.

Estamos rodeados de gente hiperactiva que logra aprovechar al máximo su tiempo. Ya no estamos solo. Podemos hablar con quien queramos aun caminando por la calle a través de un micrófono inalámbrico y un audífono invisible.

Todos estamos conectados todo el tiempo: Podemos hacer llamadas, enviar mensajes, correos, fotos, escuchar radio, mirar videos, noticias, películas, hacer compras, negocios, pagar facturas, tener acceso a libros, video libros y audio libros, hacer transacciones bancarias, vincularnos a comunidades científicas, a grupos de interés, hacer teletrabajo y jugar en línea interactuando con personas que podrán llegar a ser amigos.   Podemos crear empresas locales, nacionales o globales en internet. Hacer viajes a bajo costo a cualquier parte del mundo. Liderar causas sociales. Investigar cualquier tema y vincularnos a cualquier comunidad que exista en la red.

Ya casi todos somos adictos a la web. Quedan pocos espacios donde no exista la red, cuando montamos en avión, cuando hacemos fila en un banco, cuando vamos al teatro o cuando asistimos a una ceremonia religiosa. Ni siquiera al dormir nos escapamos del celular porque allí podemos escuchar música o temas de relajación para dormir mejor.

Al montarme al carro pienso en las llamadas que haré para no perder tiempo mientras esté en semáforos largos o en embotellamientos de tráfico. No hay tiempo muerto.

Me encanta esta vida donde puedo pasar el día entero frente a una pantalla salpicando entre temas, con una atención dispersa, teniendo acceso a tanta información, a tantos conocimientos, a tanta sabiduría de expertos que hay en la red, a una fuente inagotable de entretenimiento como nunca antes lo ha habido en la historia de la humanidad.

Hay quienes dicen que si el cerebro no descansa con una pausa en los estímulos, poco se aprende.
Todos parecemos muchachos con déficit de atención: saltando de una cosa a otra, saltando aquí y allá, enloquecidos. Si alguien mete las patas ya no se da un codazo: se manda un mensajito por el celular. Aun así cada vez son más las personas atrapadas por la red.

La televisión ya es un mueble viejo: a nadie se le ocurre pasar el tiempo concentrado en un buen programa. Comparada con las nuevas tecnologías, la televisión parece tan anticuada como un libro encuadernado en pergamino. ¿Qué es una telenovela, comparada con la telenovela real del Netflix, Facebook o del Twitter? Ya no hacemos casi nada porque nos pasamos el tiempo haciéndolo todo al mismo tiempo y hemos descuidado otras cosas importantes… Ya no estamos aquí porque nos la pasamos conectados a otra parte, en otro mundo”..

Internet destronó los conceptos personas que se consideraban los “dueños de la verdad” especialmente en la comunidad de médicos, abogados, políticos y profesores, porque tenemos la oportunidad de consultar otras opiniones, de estudiar el tema en la web y de conocer nuevas opiniones que nos lleven a encontrar la verdad.

Internet nos da la oportunidad de ser autodidactas y de que podamos “aprender a aprender”. De tener acceso a clases de profesores de las universidades mas prestigiosas de Harvard, Oxford, etc e incluso a la comunidad TED e incluso podemos hacer consultas directas a personas importantes que antes era imposible hacer.

La web nos ha ahorrado mucho tiempo en diligencias interminables, extensas filas de pagos en bancos y de consultas en la biblioteca.

Existe una gran barrera cultural entre la generación de los que crecieron entre computadores y los que nacimos antes de estos aparatos y esta solo se puede acortar si los viejos nos interesamos mas por aprender de las nuevas tecnologías y de sacarle mas provecho a la red y los jóvenes aprenden que hay un tema cultural y de respeto por las personas y por el manejo de las relaciones humanas que hay que cuidar y que no se puede ignorar.

Esta nueva generación tiene tantas oportunidades que me hubiera gustado nacer en ella sin desconocer la respetable y justificada posición del Dr. HECTOR ABAD FACIOLINCEen su artículo EL TIEMPO MUERTO.


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