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17 de marzo de 2016

LA PAUSA PARA EL CAFÉ ES UNO DE LOS SECRETOS DE LA PRODUCTIVIDAD DE SUECIA


Se llama 'Fika' y es tan importante para los suecos que es obligatoria en muchas empresas.

Durante la Fika los trabajadores se reúnen a tomar café, comer y conversar lo que ha dado origen a varias de las buenas ideas que hoy convierten a Suecia en uno de los países más productivos del mundo.

La "fika", que se podría traducir del sueco como "beber café, comer dulces y hablar", es tanto una parte de la jornada laboral como enviar correos electrónicos o arreglar la impresora.

"Está profundamente integrada en nuestra cultura", dice Matts Johanson, fundador de Da Matteo, una cadena de cafés con base en Gotemburgo.

"La mayoría de los suecos hacen la fika varias veces al día, ya sea durante el fin de semana o a lo largo de la semana", cuenta.

"Se trata de pasar tiempo con la gente, comiendo deliciosos platos caseros y tomando estupendo café. Es el equivalente a ir al bar en otros países".

Muchas empresas suecas tienen descansos obligatorios para la "fika", en los que ofrecen bebidas calientes a sus empleados.

Pero, ¿es por todos estos descansos regulares por lo que la eficiencia laboral es mayor?

No hay un "índice de cafeína" como tal, pero los datos que publica la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) sobre productividad pueden darnos algunas pistas. Esas estadísticas (de 2014), que contemplan 38 países, sitúan a Suecia en un respetable puesto 11.

Su país vecino y también amante del café, Noruega, es la segunda nación más productiva del mundo, por detrás de la campeona Luxemburgo, mientras que los infatigables Estados Unidos ocupan el cuarto lugar.

Francia, con sus prolongados almuerzos, es la séptima, con una gran ventaja sobre países como Japón (20) y Corea (30), ambos conocidos por sus largas jornadas laborales.

Hacia la globalización
Las pausas para tomar el café son tan importantes para los suecos, que incluso la marca por excelencia del país, Ikea, tiene un párrafo al respecto en su página web.

"Más que una pausa para el café, es un tiempo para compartir, conectar y relajarse con los colegas. Algunas de las mejores ideas y decisiones ocurren durante la ‘fika‘", dice.

"El estilo de gestión sueco es diferente al de la mayoría de los demás países. Es horizontal y no muy jerárquico", dice. "En las estructuras horizontales es importante escuchar a cada persona, y la naturaleza comunitaria de la fika promueve la conversación entre empleados y directivos", agrega.

Es una buena manera de conocer el punto de vista de cada uno en cuanto a la gestión de la compañía".

Y, más recientemente, la tendencia se ha globalizado.

Hoy en día, un neoyorkino, londinense o habitante de Sídney próspero y ambicioso no sólo sale de la oficina para un café, sino que utiliza 15 minutos para hacer una fika.

No se trata de tomarse un café rápido, sino de programar pausas a lo largo del día.

Imperio empresarial
Lars Akerlund ha construido un gran imperio comercial en torno a la fika. Se mudó a Nueva York desde Suecia en el año 2001, abriendo su primer café, "FIKA", cerca de Central Park en 2006. Ahora tiene 17 cafeterías y está a punto de abrir otras dos.

Uno de los productos más populares del menú es el café con pastel casero, o el chocolate, que se presta a saborearlo lentamente, y no a devorarlo en un santiamén.

Pero, ¿qué fue lo que inspiró este próspero negocio?
"Me encantaba Nueva York, pero cuando vine a vivir aquí no podía encontrar ningún buen café fuera de las grandes cadenas", dice el empresario. "La Costa Oeste de los Estados Unidos estaba plagada de fantásticos lugares para tomar un espresso, así que sabía que había potencial", señala. "Vi una gran oportunidad de mercado y pensé que, si lo hacía bien, podría ser otro Richard Branson y convertirme en un multimillonario de la fika".

Akerlund no sólo quería traer buen café a los neoyorkinos; quería darles una nueva visión sobre la vida.

"Con la fika, la idea es sentarte y disfrutar de tu café y de tu torta, aunque sea por 10 minutos", explica Akerlund.

"En Nueva York, todo era de comprar para llevar, pero pensé que si ofrecía algo realmente bueno podría cambiar la manera en la que la gente hacía las cosas y lograr que se detuvieran y se relajaran".

Se despertaba a las 4 de la mañana cada día para cocinar todo fresco.

El café provenía de una compañía tostadora de café de Brooklyn y el chocolate se hacía en el lugar.

¿Cómo reaccionaron los neoyorkinos?
"Al principio, algunos criticaron el precio. Estábamos cobrando US$2 por un café de filtro, cuando podían conseguirlo por US$1 en la puerta de al lado", dice Akerlund. "Así que les di una taza gratis, les gustó y volvieron".

Al menos en Manhattan, "FIKA" se ha convertido en una institución e incluso tiene su propia fábrica de chocolate, cuya salsa de caramelo salado ganó el oro en los Premios Internacionales de Cacao (ICA, por sus siglas en inglés), en 2014.

Tal vez, sin embargo, el mayor logro de Akerlund fue convencer a los ocupados neoyorkinos de tomar un respiro durante la jornada laboral, al estilo sueco.

Hasta en Australia
La "fika" también dejó huella en Australia.

Mientras el sol brilla en la preciosa arena de la playa de Manly Beach, Sídney, un pequeño rincón de Suecia se deja ver en la esquina.

En 2013, "Fika Swedish Kitchen" abrió sus puertas a un perplejo público, tal y como explica su cofundadora, Diana Chirilas. "Al principio, nuestros clientes eran principalmente expatriados suecos. Los australianos asomaban la cabeza y decían: ¿sueco?, ¿qué quiere decir sueco?", cuenta Chirilas.

"Algunos pensaban que éramos suizos y nos preguntaban por el chocolate", agrega.

"Pero las actitudes están cambiando", dice. "Lo escandinavo está de moda. Hay películas nórdicas y series de televisión, han abierto tiendas de diseño sueco y la gente tiene curiosidad", dice.

En Walthamstow, un suburbio de Londres, el café sueco "Bygga Bo" tomó la idea del "fika" y lo amplió para incorporar todo un estilo de vida.

"Bygga Bo significa ‘construir un nido‘ y para mí fika significa acogedor, tranquilo y hogareño", dice Malin Hamilton, quien abrió la tienda con su esposo, James, en 2013.

"Comenzamos el negocio abriendo nuestra propia casa como una fika de paso con café y pasteles. Nos fue bien y decidimos dedicarnos a ello a tiempo completo". "Ahora tenemos una tienda sobre estilo sueco donde hay un poco de todo, incluyendo cerámicas, velas y ropas, para que la gente pueda tener esa sensación de la fika cuando lo deseen".

Tradición Fika
Un fika tradicional consiste en siete tartas caseras. Pero, ¿ha muerto a de hoy esa tradición, en la cultura del tomar y llevar?

"Históricamente, era una especie de concurso para ver quién hacía el mejor", dice Johansson.

"Ahora no hacen falta tantos tipos, pero algunas personas todavía los hacen. En realidad depende de lo ambicioso que uno sea".

James, su marido, dice que también ha habido un cambio en las expectativas de los consumidores, pues la gente está cansada de productos de consumo y piden cosas elaboradas con más detalle.

"La fika encaja en esa mentalidad. Horneamos nuestros pasteles, los accesorios que vendemos son todos hechos a mano y la gente lo aprecia de verdad. Lo ven como algo aspiracional".

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