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13 de enero de 2016

LA FELICIDAD SÍ SE PUEDE MEDIR


Los países más felices del mundo serían, en su orden, Suiza, Islandia, Dinamarca, Noruega y Canadá.

Colombia ocupa el lugar 33, luego de 8 vecinos de América Latina, incluida Venezuela.

La felicidad se midió con base en la percepción de la corrupción, el apoyo social, la libertad, la generosidad, la expectativa de vida y el PIB per cápita, según el Tercer Informe mundial de la Felicidad 2015, publicado recientemente por la Red de soluciones para el desarrollo sostenible de Naciones Unidas.

Pero, ¿realmente, es posible medir la felicidad de los países?

Lo que hace el Informe Mundial de la Felicidad desde el año 2012 es medir a nivel poblacional características que, en suma, pueden señalar las mejoras en los niveles de percepción vital de felicidad de un país como pieza fundamental del progreso social.

Recuerda que, desde hace unas décadas “la medición del desarrollo humano se viene haciendo principalmente con indicadores de calidad de vida, que tienen en cuenta especialmente factores relacionados con la capacidad de consumo, la tenencia de bienes y la productividad económica medida en términos del Producto Interno Bruto (PIB) del país.

Gracias a la persistencia de economistas como el premio Nobel Amartya Sen o intelectuales de la talla de Martha Nussbaum, estos estudios han transitado a la evaluación del bienestar mejor que de la calidad de vida, incorporando factores que van más allá de los netamente económicos”, señala, pero cuando hace tantas observaciones económicas sobre PIB, generosidad, capacidad de consumo, uno tiende a creer que la felicidad está en la plata. Sin embargo, no es así.

“De ninguna manera. Esta confusión ocurre cuando pensamos que es lo mismo estar feliz que estar alegre o tener placer. Aristóteles ya hacía esta diferencia cuando hablaba de eudaimonia, para referirse al buen genio, a la capacidad de sentir gozo por la vida y llevar una buena vida, y hedoné, entendida como la posibilidad de disfrutar los placeres de la vida. Estudios como los expresados en este informe nos muestran que los indicadores empleados son eudaimónicos, no hedónicos. Indudablemente como lo diría Pambelé “es mejor ser rico que pobre”, pero esto aplica al campo de la alegría pasajera obtenida por la satisfacción de gustos y placeres. La felicidad a mi modo de ver se alcanza cuando se hace posible acoger el sufrimiento, se perciben las emociones negativas haciendo conciencia de ellas, se logra modular estas emociones hacia arriba y se logra acompañarlas de emociones positivas que permitan seguir adelante con la vida en unión con otros y con el entorno”.

Recuerda que las abuelas eran sabias al afirmar que “el dinero no compra ni la salud ni el cariño de nadie y que hay personas que tienen mucho dinero y no son felices, y otras que tienen poco y un gran nivel de sufrimiento y desarrollan mecanismos de sobrevivencia que los lleva a estar felices”. Y admite que el dinero en algún momento puede favorecer la felicidad “cuando logra cubrir las necesidades básicas de vivienda, alimentación, estudio y otras, sin las cuales estaríamos en la pobreza extrema. Es decir que con niveles de sufrimiento que dificultan vivir, la vida se convierte en una faena por sobrevivir y así se hace muy difícil tener momentos de felicidad”.

El reporte anual respecto a la felicidad lo que pretende es motivar a los países a mejorar las condiciones de vida de sus habitantes en todos los campos y aumentar así la dosis de felicidad entre ellos.

El del 2015 es el tercer informe de la ONU sobre felicidad y Rodríguez considera que es importante seguir haciéndolos, pues “en tiempos de crisis económica, social, ecológica y política, como la que vivimos actualmente a nivel global y nacional, se hace muy importante realizar un seguimiento de la percepción de felicidad por los ciudadanos, no solo para establecer las metas de desarrollo, sino, especialmente, para determinar las decisiones de política pública que permitan a los participantes realizar sus vidas en un marco de inclusión y equidad y para hacer seguimiento del impacto de las medidas tomadas.

En ese aspecto considera que “es importante destacar que, si bien la estabilidad financiera individual y colectiva ayuda bastante en la percepción de felicidad, son muy importantes otros indicadores, como los años de esperanza de vida saludable, la posibilidad de dar o recibir apoyo social, de ser solidario y generoso, la posibilidad de confiar en otro, y la posibilidad de tomar decisiones de manera autónoma y libre”.

Opina, además que esas características “son por demás excelentes indicadores de una buena salud mental colectiva y de la calidad del vínculo social, aspectos claves para que una sociedad sea viable y próspera”.

Pero, los resultados del reporte de la felicidad divulgados en 2015 sorprendieron, especialmente, en lo que respecta a América Latina pues naciones, al parecer, con más graves problemas económicos y sociales que Colombia se posicionaron antes que nosotros. Costa Rica, México, Brasil y Venezuela. En este caso ocuparon los puestos 12, 14, 16 y 23, respectivamente, mientras que Panamá, Chile y Argentina el 25, 27 y 30 entre 158 países evaluados. Colombia quedó en el puesto 33, es decir, tres lugares antes que España.

Se puede “considerar que las diferencias entre México, Brasil y Venezuela no son muy marcadas y los tres se encuentran entre los países con niveles más satisfactorios, pero no debemos olvidar que, teniendo los tres bastantes dificultades sociales, económicas y políticas, lo que se mide aquí tiene fuertes componentes subjetivos y emocionales que nos hacen pensar que las pequeñas diferencias entre uno y otro indicaría variantes culturales respecto a la percepción de satisfacción de la vida y las expectativas de que los problemas van a ser resueltos.

En tal sentido vemos que países como Colombia y México han mejorado e incluso se sostienen en un buen nivel de percepción de satisfacción y que Venezuela ha decaído drásticamente en pocos años en cuanto a la satisfacción de vida percibida entre sus ciudadanos.

No se trata de establecer una competencia ansiosa entre países y una comparación envidiosa que irónicamente hablaría mal de la capacidad de gozo y bienestar, se trata de ver estos indicadores como un horizonte a alcanzar para ir poco a poco mejorando las condiciones de vida y la convivencia social.


Los 10 países más felices del mundo se localizaron especialmente en Europa y sólo Canadá figura entre los americanos. Estados Unidos, a donde se desplazan millones de emigrantes de todas partes del mundo a cumplir con el sueño americano, se ubicó en el 15 lugar, después de Costa Rica, México, Brasil y Venezuela.

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