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12 de enero de 2016

COMO SON LAS ECUACIONES DEL AMOR


¿Qué posibilidades tiene cualquiera de encontrar el amor?
¿Cuál es el momento para comprometerse?
¿Cómo sabemos que la relación durará?
¿Es mejor llamar o esperar a que te llamen?

Los matemáticos se han lanzado a buscar el algoritmo perfecto para encontrar el amor y, entretanto, han hallado divertidas e interesantes respuestas.

Elegir pareja es una de las decisiones más importantes de nuestras vidas. Buena parte de nuestra felicidad depende de que conquistemos a la persona adecuada (o nos conquiste ella).

¿Las matemáticas nos pueden ayudar a no meter la pata?
La investigadora británica Hannah Fry así lo cree... «Las emociones humanas no están tan ordenadas, ni son tan racionales ni predecibles. Pero eso no significa que las matemáticas no tengan nada que ofrecer, porque el amor como la vida está lleno de patrones. Y una parte sustancial de las matemáticas se dedica al estudio de patrones. Modelos que predicen desde el clima hasta las fluctuaciones en la Bolsa, pasando por el movimiento de los planetas o el crecimiento de las ciudades. Y ninguno de estos ejemplos es perfectamente ordenado ni fácilmente predecible».

Elegir implica probabilidad. Y la probabilidad es algo con lo que los matemáticos están familiarizados. Cuando alguien coquetea contigo en una fiesta, le da igual que seas tan guapo como George Clooney o Heidi Klum.

Está tomando una decisión basada en las opciones disponibles en ese momento. Esas opciones se pueden definir con ecuaciones. Y existe toda una parcela de las matemáticas que se ocupa de ello: la teoría de la elección discreta. Somos (o creemos ser) libres, pero hay una cuantas reglas matemáticas que obedecemos. Y esas reglas son sorprendentemente fáciles de manipular. O como expone el economista Dan Ariely: «Somos irracionalmente predecibles».

Tan predecibles como que a todos nos atrae la belleza. Y, sin embargo, no es el rasgo más importante que buscaríamos en nuestra pareja. Compromiso, confianza, apoyo incondicional, capacidad de proveer por nuestro bienestar y, eventualmente, el de nuestra familia... Todas estas cualidades son decisivas. «Sin embargo, ¿por qué lo primero que nos atrae son unos labios carnosos o unos bíceps potentes?», se pregunta Fry.

«¿Qué aporta una cara bonita cuando hay que cambiar los pañales del bebé a las cuatro de la mañana, o dentro de cincuenta años, cuando nuestra pareja tenga que reemplazar la bolsa de nuestro catéter? Y, sin embargo, algo tan efímero como la belleza nos obsesiona desde los albores de la civilización».

En busca del algoritmo perfecto
Que guapos y guapas nos atraigan tiene que ver con la simetría facial y corporal, que garantiza un sistema inmunitario robusto y que no hay mutaciones desagradables en el genoma. Fertilidad sin sobresaltos. Eso lo detectamos casi inconscientemente. Es la psicología evolutiva de la humanidad en su conjunto, impresa en nuestra psique desde las cavernas, la que decide por nosotros.

Pero los tiempos han cambiado desde la Prehistoria, y para los matemáticos un cambio fundamental es Internet. No solo porque una de cada tres parejas ya se conoce on-line, sino por todo el acervo de datos personales que se pueden contabilizar en los sitios de citas. «Estamos cerca, pero no existe aún el algoritmo perfecto que garantice la compatibilidad de dos personas, porque muchas veces no sabemos lo que queremos hasta que lo tenemos delante», reconoce Fry.

«Lo que más me llama la atención de Internet es que lo atractivo que seas no define tu popularidad, y, de hecho, que haya gente que piense que eres feo puede jugar a tu favor. Uno debe explotar lo que realmente lo hace diferente».

Las matemáticas del amor
Hannah Fry es profesora de Matemáticas en el University College de Londres. Investiga modelos de comportamiento humano con un grupo de físicos, matemáticos, ingenieros informáticos...

¿Existe mi media naranja?
Es difícil de encontrar. Pero no imposible. La ecuación de Drake tiene la respuesta.

Un joven matemático inglés, el profesor Backus, tras años de total sequía amatoria, decidió buscarle una explicación al porqué de dicha catástrofe.
Backus circunscribe su búsqueda del amor a las mujeres solteras en el Reino Unido.
La siguiente condición es que vivan en Londres.
Que estén en una franja de edad similar a la suya,
que tengan título universitario,
que le caigan bien,
que sean atractivas (exquisito él, calcula que solo una de cada diez le gustaría) y que, recíprocamente, le encuentren atractivo...

El resultado es un pelín descorazonador para Backus: solo 26 mujeres en el mundo cumplirían esos requisitos. Lo que arroja una posibilidad de encontrar a su media naranja de una entre 285.000... Vamos, que es más probable encontrar vida inteligente en la Vía Láctea

Si incluyera en su búsqueda a mujeres sin título, o presuponiendo que encontrará guapas a más del diez por ciento de las candidatas), sus posibilidades aumentarían...

Si esta noche sale a buscar pareja, siga las leyes del 'marketing'.

Más le vale tomar la iniciativa. Aumenta sus posibilidades de éxito... según el algoritmo de Gale-Shapley.

En el mercado del amor vamos eligiendo y descartando opciones en sucesivas rondas. Hay dos grupos de personas. Las que eligen, por un lado, y las que aceptan o rechazan esa elección, por el otro. Compradores y vendedores.

Así se van formando parejas. Pero con cada ronda van quedando menos opciones. Pues bien, los que eligen (compradores) siempre conseguirán la mejor opción posible. Puede que no sea su primera opción si les dan calabazas... Pero será la más asequible entre las mejores. Los que son elegidos (vendedores), o sea, los que esperan, suelen acabar con la menos mala... de las peores.

La teoría de juegos analiza cómo optimizar las posibilidades de éxito... masculinas.

Los machistas presuponen que, en la primera cita, el hombre solo busca sexo y las mujeres, compromiso.

Y plantean que la mejor táctica masculina para lograr su objetivo no es hacer un regalo caro (como mucho, flores). Es mejor dar una buena propina en el restaurante.

Piense en el dilema del prisionero antes de lanzarse.

La infidelidad es una mala estrategia que perjudica tanto a la persona que lleva los cuernos como a la que los pone.

Antes de decir el «sí, quiero», saque lápiz y aplique la teoría de la parada óptima.

No es recomendable casarse con la primera persona que nos muestre algún interés. Pero tampoco conviene remolonear demasiado.

¿Cómo saber cuándo es el momento de sentar la cabeza? La teoría de la parada óptima es la mejor estrategia. En esencia, es un sutil equilibrio entre la paciencia para encontrar a la persona adecuada y la decisión para echarle el guante antes de que nos la 'birlen'.

Seis de cada diez matrimonios en España terminan en divorcio. ¿Cómo predecir si una pareja durará o acabará rompiéndose? Un psicólogo, John Gottman, observó a cientos de parejas conversando y grabó las conversaciones, expresiones faciales, ritmo cardiaco, presión arterial, conductividad de la piel, si decían cosas positivas o se quejaban... Así pudo pronosticar si una pareja se divorciaría con una precisión del 90 por ciento. Pero no fue hasta asociarse con un matemático, James Murray, cuando se empezaron a entender las causas. Las ecuaciones de Murray dependen del estado de ánimo de la persona, sobre todo cuando está con su pareja.

El factor más importante es el umbral de negatividad. Siempre se pensó que las relaciones más exitosas eran aquellas con un umbral muy alto; es decir, aquellas que solo discuten los asuntos realmente espinosos y corren un tupido velo con las minucias del día a día. Pero las matemáticas demuestran lo contrario. Las parejas más sólidas son las que tienen un umbral muy bajo de negatividad. No pasan por alto las cosas... Así no dejan que asuntos triviales terminen siendo grandes problemas. Mejor discutir que callar.

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