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8 de noviembre de 2015

LAS FINANZAS EN PAREJA


El amor es maravilloso, pero sin duda, no puede sostenerse una relación con solo el amor. Es como tratar de sostener una cámara fotográfica con un tripié de una sola pata.

En mi experiencia, las relaciones tienen un tripié de cuatro patas que hace que las cosas entre ambos fluyan y se fortalezcan.

Esas “cuatro patas” son cuatro aspectos fundamentales de la vida en la que las parejas deben tener acuerdos claros:

La educación de los hijos
La religión
Proyecto de vida a futuro
El dinero

No están en orden de importancia. Los cuatro tienen el mismo peso. Si un matrimonio está en profundo desacuerdo con alguno de estos 4 puntos, la relación se complicará más de lo estrictamente necesario.

Hoy, solo hablaré del dinero. Es de la mayoría conocido que muchas parejas suelen pelear por el. Pero lo que pocos saben es que la razón no solo es la escasez de dinero, sino la falta de comunicación acerca del dinero.

Ambos tienen $10 y El quiere gastar $9 en viajes y $1 en la casa mientras que Ella quiere gastar $6 en la casa y $4 en ahorros.

Esta discrepancia que parece pequeña, y de la que normalmente no se habla, es fundamental y estará presente en la mente de cada una de las partes cada vez que entre dinero a casa (sin importar quien genera los ingresos). Vivir en pareja significa compartir y eso significa compartir intereses, deseos y propósitos además del amor y las responsabilidades.

Pero ¿cómo llegar a un acuerdo si los intereses de ambos pueden ser tan distintos? Aquí una fórmula que no falla (y las notas de como fue que la aprendí):

Anoten lo que para cada uno es más importante. Por ejemplo, cuando recién nos casamos, para mi esposo lo más importante era disfrutar del dinero en el momento y comprar gadgets, mientras que para mi, lo más importante era ahorrar para compra una casa lo antes posible. De esta forma, se darán cuenta que tan diferentes o similares son sus objetivos y prioridades.
Mi experiencia: ¡Yo cometí el error de no escribirlas! eso nos costó 2 años de pláticas/discusiones a veces desgastantes, a veces divertidas,  en las que generalmente nos rascábamos la cabeza pensando que el otro estaba medio loco.

Establezcan la forma en que el dinero en casa será repartido. Quién aporta qué, quién llevará las cuentas generales, en que se gasta qué cantidad. Esto es muy variable de pareja en pareja, no hay una fórmula que funcione para todos, pero es imprescindible que la que elijan ustedes realmente les funcione y se sientan cómodos con ella.
Mi experiencia: En este tema, confieso no tuvimos desacuerdos: mi esposo dejó claro que  alimento, casa (y todos sus gastos), vestido, medicina corrían por parte de “la casa”. La Casa es una cuenta en la que ambos aportamos. El aporta un porcentaje mayor que el mío. De esa manera, cada gasto está decidido y no tenemos discusiones diarias de quién paga que.

Una vez a la semana, siéntense a hablar de dinero. El día que estén más tranquilos (sin los niños, sin el teléfono). No necesitan más de media hora a la semana. Tomense un tecito o ¿porqué no? una copa de vino. ¡Solo una!
Mi experiencia: Nosotros, más que platicar nos informamos. Mi esposo me dijo un día: “yo soy bueno para generar ingresos, tu eres buena para administrarlos y hacerlos crecer” así que tomamos de los deportes la analogía: El se encarga de la ofensiva y yo me encargo de la defensa. Lo cual ha resultado maravilloso para evitar discusiones. Cada uno atiende su “cargo gerencial” con toda libertad. Siempre informando al otro de las decisiones.

Nunca tomar decisiones financieras sin consultar al otro. No importa si el que decidió comprar un yate es el que genera más ingresos. Su pareja lo resentirá y con justa razón. ¿No se suponía que son pareja? Usar el dinero como medio de poder y control solo lleva a un punto: el divorcio.
Mi experiencia: Como comenté, el toma todas las decisiones en relación a su trabajo, cobros negociaciones de precio, etc. Me platica y a veces yo le sugiero (generalmente le sugiero que cobre más, claro) pero la decisión final es de el. Lo mismo aplica para mis decisiones en relación a seguros, fondos de inversión, gastos de la casa. Todo lo platicamos y nos hacemos sugerencias. Para compras mayores como muebles o carro, tomamos la decisión juntos a partir de los ingresos y ahorros que tenemos en ese momento.

Determinen que puede ceder uno y el otro para que las metas del compañero puedan cumplirse sin sacrificar las propias.
Mi experiencia: ambos entendimos que mientras era importante ahorrar para la casa, también era importante disfrutar ciertas cosas ahora, así que con presupuesto decidimos que porcentaje se iría al ahorro y que porcentaje a gastos de diversión y gadgets. Nos costó trabajo y fueron muchas reuniones de negociación, pero al final pudimos alinear las metas de los dos.

¡Olvídense de los secretos!
Conozco a muchas parejas donde la mujer no sabe lo que gana el marido y a su vez el marido no tiene idea de la cuenta secreta de banco que tiene su mujer. Créanme, es una receta para el desastre.  Estos maridos tienen miedo de que si sus esposas se enteran de lo que ganan, les van a pedir más. Y esas esposas temen que si el marido se entera de sus cuentas de banco, éste les dará menos dinero. No hay peor consejero que el miedo. Y pocas cosas destruyen matrimonios tanto como los secretos. Recuerden porqué fue que se casaron (y decidieron confiar en el otro) en primer lugar.
Mi experiencia: tanto mi esposo como yo somos malísimos para ocultar cosas. Confieso que eso nos ha ayudado a no guardar secretos, pero también la certeza de que ningún secreto vale la pena guardarse cuando se vive con alguien.


No se desesperen. Llegar a acuerdos y entenderse a veces toma tiempo. Lo mismo con la llegada a cada meta financiera. No es rápido pero si se organizan bien, lo lograrán sin duda. Yo siempre he dicho: se puede tener todo, solo que no al mismo tiempo. 

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