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10 de noviembre de 2015

CÓMO SUPERAR LA DESMOTIVACIÓN EN EL ESTUDIO


Mini-coaching para incrementar la motivación en el estudio
1. ¿En qué circunstancias, lugares, y momentos te encuentras más desanimado/a?
Esta pregunta trata de averiguar cuándo y dónde actúa la desmotivación. Es importante conocer el cuándo y el dónde para actuar en ese momento y poder superar positivamente esa condición. No hay que olvidar que la desmotivación consiste simple y llanamente en una condición emocional fruto de un pensamiento. La desmotivación es producida por un pensamiento. Un pensamiento que llega en determinados momentos y consigue que una persona no haga algo que le gustaría hacer o que le haría hipotéticamente ilusión hacer. (cit. cómo superar la doble seducción de la desmotivación)
Generalmente, según los casos tratados, la desmotivación suele ocurrir en las fases anteriores a la puesta en práctica de acciones vinculadas al estudio o, durante el estudio, en los momentos de mayor dificultad.

2. ¿Qué pensamientos suelen acompañar a esos momentos?
Esta pregunta nos dirá que pensamientos preceden a las emociones negativas asociadas a la desmotivación. El pensamiento que genera la desmotivación es una forma de distracción intrusiva que nos conecta con una visión negativa y desesperanzada acerca del futuro. Conocer ese pensamiento nos ayudará a cambiar los resultados.
Normalmente, los pensamientos negativos suelen estar asociados a dos aspectos: pensamientos negativos acerca de uno mismo (no ser capaz de hacerlo), o acerca de los acontecimientos (no sucederá lo que uno desea). Esos pensamientos suelen estar asociados a creencias limitantes: por ejemplo, en un caso tratado la persona estaba desmotivada y a través de esta pregunta se dio cuenta de que los pensamientos negativos emergían a partir de la creencia de no ser capaz de estudiar sóla en casa y por la mañana, porque siempre lo había hecho por la tarde y en compañía.

3. ¿Qué experiencias previas has vivido en tu vida que sean ejemplo de lo contrario? / ¿Qué es lo que te permitió que sucediera así? ¿Qué habilidades, estrategias y recursos te permitieron lograrlo? ¿Cómo podrías volver a ponerlos en práctica?
Esta pregunta nos puede ayudar a tener una visión más completa de los acontecimientos y no caer en el agobio del momento. Quizás la persona haya tenido experiencias previas en su vida que le demuestren justamente lo contrario. Tenerlas presentes y saber qué estrategias, recursos y habilidades le permitieron lograrlo, ayudará a la persona no sólo a poner remedios a esa situación, sino a sentirse más segura de sí misma y de sus propios medios.
Pese a lo valioso que puede ser el contenido de esa respuesta, es posible que nos encontremos ante una situación nueva para la que no se encuentren experiencias previas positivas: en su caso sería conveniente pasar a la pregunta sucesiva.

4. ¿Qué puedes cambiar, o qué debería suceder para que no tengas ese pensamiento?
La respuesta a esta pregunta nos marcará la nueva estrategia para cambiar el rumbo de los acontecimientos. Retomando el caso anterior, la persona en cuestión se dio cuenta que si estudiaba de día y en una biblioteca, rodeada de personas que hacían lo mismo que ella, entonces ese pensamiento dejaría de estar tan presente en su mente: efectivamente, eso fue lo que sucedió.

5. ¿Qué parte de la actividad a realizar te gusta más? ¿Cómo podrías estudiar potenciando esta actividad?
Esta pregunta nos hace tomar consciencia de la parte más agradable de la tarea vinculada al estudio, y que no todo es malo o feo, sino que la tarea esconde posibilidades de deleite. Si conseguimos estudiar aprovechando más esta actividad, convertiremos una tarea poco atractiva en algo más ameno.
Cuando nos sentimos medianamente motivados es conveniente que las tareas más atractivas se dejen para la parte final de una sesión de estudio, pero cuando la desmotivación es paralizante y lo que nos cuesta más es el arranque, conviene iniciar la sesión de estudio desde esa tarea y que todas las sesiones de estudio incluyan un poco de esa tarea.

6. ¿Cómo puedes dividir lo que tienes que estudiar en micro objetivos? ¿Qué objetivo quieres obtener en cada sesión?
La cumbre deja de preocuparnos cuando nos centramos en la etapa. Muchas veces lo que más desmotiva es el hecho de tener que afrontar algo que requiere una cantidad considerable de tiempo, esfuerzo y compromiso. El síndrome del ”bocadillo gigante” puede resolverse partiendo el bocadillo en pequeños trozos, y comer cada trozo parte por parte, mientras los demás los dejamos “en espera”.
Tener claro el objetivo concreto de cada sesión de estudio nos ayudará a comprometernos con la tarea y no abandonarla, siempre y cuando sea lo suficientemente alcanzable.

7. ¿Para qué estudias? ¿Qué quieres obtener con ello? ¿En qué persona quieres convertirte por medio del estudio? ¿Cómo será tu vida cuando seas así? ¿Qué verás, escucharás y sentirás cuando lo consigas? ¿Quieres de verdad convertirte en ello?
Tener claro el sentido existencial que tiene para nosotros la tarea del estudio, nos ayudará a superar los pequeños momentos de duda e incertidumbre: quien tiene un “para qué”, supera casi cualquier “cómo”, siempre y cuando lo desee de verdad.
Puede ser que tras esta pregunta nos demos cuenta de que realmente no queremos convertirnos en eso. Quizás entonces lo que estemos “sufriendo” no sea tanto cuestión de desmotivación, sino de estar haciendo algo que no está alineado con nuestro real propósito vital. El problema entonces no es que estemos desmotivados, sino que nos motivan otras cosas y nos sentimos mal por no dedicarnos a ellas. Quizás sea hora entonces de cambiar el rumbo.

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