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6 de septiembre de 2015

POR QUE NO DEBES JUGAR CON LA COMIDA



La anorexia nerviosa, la bulimia y el síndrome del atracón son los tres trastornos de la conducta alimentaria (TCA) más frecuentes en la actualidad. Un 6% de las afectadas por anorexia nerviosa –la mayoría son mujeres– muere, y de ellas, en torno a un tercio lo hace por suicidio. Un dato para reflexionar. La buena noticia –si así se la pudiese llamar– es que de los tres trastornos de conducta alimentaria más habituales, la anorexia, aunque el más conocido, es también el menos frecuente.

Si seguimos con las estadísticas, este trastorno afecta a un 0,4% aproximadamente de la población general. La bulimia nerviosa afectaría sin embargo a un 1,7% de la población y el trastorno por atracón, a un 3%. "Y la diferencia entre unos y otros son importantes".

Para ilustrar esta guía, lo hacemos de la forma más inspiradora posible: con los máximos iconos de la belleza de los 50's y 60's. Mujeres orgullosas de sus formas y representantes del estereotipo más curvilíneo que ha existido desde entonces y que nos impulsan a entender la belleza desde una perspectiva sana y sexy. Ya se sabe: mens sana in corpore sano.

Cuando se trata de anorexia nerviosa estamos ante personas que lo que hacen es restringir, evitar por todos los medios que entren calorías en su cuerpo. "Les aterra engordar. Para que nos hagamos una idea de lo que sufren, pensemos en el miedo que sentiríamos si nos atacase por ejemplo un tiburón. Así de potente y de 'físico' es el miedo que ellas sienten cuando se enfrentan a un plato de comida que ven que tiene calorías y puede engordarles. Es espanto al ver la comida".

La anoréxica posee una personalidad basicamente obsesiva. Son personas perfeccionistas y les gusta tenerlo todo bajo control absoluto. "En la psicología de estas personas predomina el sentimiento de control. (...) Esa capacidad de vigilar cada caloría y de bajar peso les produce un 'subidón' enorme que contribuye a perpetuar esa conducta, hasta convertirse en un trastorno casi delirante porque, aun estando muy desnutridas, cuando se miran al espejo se ven gordas",.

En las primeras fases, las anoréxicas no solo no reconocen el problema, sino que les irrita muchísimo que sus madres, especialmente, o familiares les hagan comentarios. Para adelgazar utilizan una serie de conductas denominadas purgativas o de compensación, tales como estar 24 horas sin comer, provocarse vómitos esporádicos y utilizar laxantes o diuréticos. Si consideran que han ingerido algo más de la cuenta se lanzan a hacer ejercicio de forma extrema.

En el caso de la bulimia nerviosa, la situación es muy distinta. "Nos encontramos con una personalidad de gran ansiedad. No tan restrictiva, sino impulsiva, que no piensa las cosas dos veces y canaliza su angustia comiendo de forma desmesurada. Eso le proporciona cierto alivio.

Pero luego se siente horriblemente culpable y decide compensarlo vomitando. Después de vomitar también se siente fatal, con lo cual entra en un círculo vicioso del que no sale".

En tercer lugar está el trastorno por atracón, consistente en que ante una situación de gran ansiedad la persona decide aliviarlo con la comida, pero lo hace de una forma desordenada. Es decir, utiliza la alimentación como automedicación. Pero, ¿es un atracón llegar por la noche y comer mucho? "No exactamente. Un atracón, para considerarlo patológico, tiene que ser desordenado y verdaderamente aberrante".
A diferencia de las anoréxicas, las personas bulímicas y con trastorno por atracón habitualmente piden ayuda. Bien porque ganan peso o porque ven que eso no es normal, aunque lo más habitual es que acudan por una consulta relacionada con ansiedad y depresión.

"Lo que sí se está produciendo en los últimos años son algunos cambios en los Trastornos de Conducta Alimentaria. Aunque es falso que la anorexia esté aumentando, sí vemos que aumenta su cronificación. (...) En esta Unidad vemos cada vez más pacientes crónicas y mayores". Por el contrario, los trastornos por atracón y las formas bulímicas sí están aumentando. (...) Hay mucha migración diagnóstica, lo que significa que una paciente que empezó siendo anoréxica de jovencita, hoy se ha convertido en bulímica".

Otra cosa importante ahora, y que hace 20 años no se veía, es que estos trastornos se acompañan de adicción a drogas con una frecuencia en torno a un 30%. "Algunas anoréxicas, aunque sea paradójico, la sustancia que más consumen es el cannabis. ¡Con el hambre que da! Es otra forma de calmar su ansiedad. El cannabis es lo que más toman todas; luego, el alcohol; y, en tercer lugar, la cocaína, sobre todo las bulímicas. (...) Se ha constatado que pacientes con un trastorno de conducta alimentaria impulsiva asociada a drogas, tienen también otros trastornos como compra compulsiva –el más habitual– o incluso algún caso de tricotilomanía –arrancarse el cabello–".

Pero, ¿dónde están las causas? "Aunque siempre se ha dado un valor extremo a la presión social que asocia delgadez a éxito, hoy sabemos que existe una base biológica muy clara situada en la corteza orbitofrontal, la zona del cerebro donde se ubican también las alteraciones relacionadas con las adicciones. La impulsividad está centrada en esa misma zona. Pero como casi todo en medicina, la raíz del problema reside probablemente en una interacción entre lo ambiental y lo genético.

Lo que está claro es que en el siglo XXI, los TCA se están haciendo crónicos, con un aumento de las formas impulsivas. "Además, creo que en el futuro no serán considerados como una enfermedad tan separada de otros trastornos mentales de la impulsividad y la voluntad. Hay suficientes datos en común, por ejemplo, entre un cocainómano y un bulímico para pensar que hay más relación de lo que creemos".

La familia, el colegio y los medios de comunicación pueden fomentar la anorexia. Es frecuente la figura de la madre anorexígena que pone a sus hijos a dieta a los 10 años. A nivel escolar, las niñas más gorditas suelen ser el blanco de comentarios despectivos. Además, desde el entorno social resulta nocivo identificar el éxito en la vida con la delgadez y una forma del cuerpo. "Evitar disputas por la comida, enseñar a comer sano.

Los fármacos, la psicoterapia y la educación nutricional son tres pilares básicos y complementarios. Existen cada vez más armas farmacológicas que, utilizadas con propiedad, ayudan a manejar el problema. No son la panacea, pero complementan el tratamiento psicoterapéutico –fundamental–. Es un proceso largo y complicado en el que hay que reconstruir todo el esquema corporal y la historia personal, y en la que están implicados los afectos, la autoconfianza o, incluso, la sexualidad. Por último, es muy importante la labor de educación nutricional, toda una serie de estrategias, pautadas según el caso, y cuyo objetivo es enseñar a las pacientes a comer bien y sano.

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