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1 de octubre de 2015

OJALÁ NO EXISTIERAN LOS CEMENTERIOS


Hay una frase de cajón cuando se hace el entierro de alguien: "Llevaron al difunto a su última morada".

Es una frase engañosa porque en una tumba ningún cuerpo habita o vive y esa no es la última morada del alma.

Hay que cambiar el horrible modo que tenemos de ver la muerte y todo lo que a ella se refiere.

La gente dice: "pusimos a mi mamá junto a mi papá". No, ellos están juntos en la otra vida no en un cementerio.

"Fui a visitar a mi hijo a su tumba" No, allá están sus huesos, no él. Por pensar así es que creamos falsos apegos.

Y uno bien dañino es aferrarse a un cuerpo que el ser amado ya dejó. ¿Por qué no lo sueltas tú?

Los hindúes y los tibetanos no se apegan al cuerpo y sus duelos son serenos echando las cenizas a un río.

Ojalá no existieran los cementerios para que la gente aprendiera a no asirse a un cuerpo que el ser amado soltó para siempre.

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