Gracias por su visita.

9 de septiembre de 2015

LA PARÁBOLA DEL CAMELLO


Dice la parábola que un discípulo llegó en camello a visitar a su maestro, desmontó y entró a saludarlo.

Entró en el templo, hizo una reverencia y dijo:

"Confío tanto en Dios que dejé suelto mi camello ahí afuera.

Él es bueno y soy un convencido de que Dios protege los intereses de aquellos que le aman".

El maestro alzó la voz y recriminó a ese discípulo insensato con estas palabras:

"Corre, tonto, y ata tu camello, porque Dios no puede ocuparse de lo que tú mismo puedes hacer".

Bueno, esta parábola puede sonar disparatada, pero a diario se refleja en la fe ingenua y cómoda de muchos.

Una fe en la que piden a Dios una vida sin adversidades, un paraíso sin penas y un amor sin crisis.

Olvidan que nadie viene al mundo sin cruz y que a nadie le dan más peso del que puede soportar.


Lleva tu carga con amor y no evadas responsabilidades con una falsa fe.

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