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24 de septiembre de 2015

EL ENDEMONIADO GADARENO



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Fueron a la otra orilla del mar a la región de los gadarenos.

Apenas salido él de la barca, de repente le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo.

Este tenía su morada entre los sepulcros. Y nadie podía atarle ni siquiera con cadenas, ya que muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero él había hecho pedazos las cadenas y desmenuzado los grillos. Y nadie lo podía dominar.

Continuamente, de día y de noche, andaba entre los sepulcros y por las montañas, gritando e hiriéndose con piedras.

Cuando vio a Jesús desde lejos, corrió y le adoró.

Y clamando a gran voz dijo: —¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.

Pues Jesús le decía: —Sal de este hombre, espíritu inmundo.

Y le preguntó: —¿Cómo te llamas? Y le dijo: —Me llamo Legión, porque somos muchos.

Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región.

Allí cerca de la montaña estaba paciendo un gran hato de cerdos.

Y le rogaron diciendo: —Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos.

Jesús les dio permiso. Y los espíritus inmundos salieron y entraron en los cerdos, y el hato se lanzó al mar por un despeñadero, como dos mil cerdos, y se ahogaron en el mar.

Los que apacentaban los cerdos huyeron y dieron aviso en la ciudad y por los campos. Y fueron para ver qué era lo que había acontecido.

Llegaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.

Los que lo habían visto les contaron qué había acontecido al endemoniado y lo de los cerdos, y ellos comenzaron a implorar a Jesús que saliera de sus territorios.

Y mientras él entraba en la barca, el que había sido poseído por el demonio le rogaba que le dejase estar con él.

Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: —Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas ha hecho el Señor por ti, y cómo tuvo misericordia de ti.

El se fue y comenzó a proclamar en Decápolis |cuán grandes cosas Jesús había hecho por él, y todos se maravillaban.

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