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4 de agosto de 2015

NO PREMIES CON DULCES


De forma natural, los niños suelen preferir los alimentos dulces. Por eso las golosinas y bebidas azucaradas les gustan tanto. Y la industria alimentaria, conocedora del poder de persuasión de los niños en la cesta de la compra, ha multiplicado la oferta de estos productos en las estanterías de los supermercados y tiendas en general.

Cuando el pediatra, la enfermera o el dentista dicen que los niños no deben comer dulces parece que entran en conflicto con los intereses, tanto de los niños y sus papás, como de la industria. Sin embargo, el interés de los profesionales es defender la salud de los niños.

¿Por qué no es recomendable que los niños tomen jugos y coman dulces? Porque provocan caries y contribuyen a producir obesidad infantil.

La caries es una enfermedad infecciosa. La causa principal es un microbio que se llama Streptococcus mutans. Para evitar que este microbio se multiplique y ataque a los dientes o muelas es necesario lavarse los dientes y seguir unos consejos en los hábitos de la alimentación.

La manera en que los azúcares y este microbio contribuyen juntos a producir caries es porque la acción de la bacteria sobre el azúcar libera ácidos que decalcifican el diente, y más si el dulce es pegajoso (golosinas y algunos caramelos), es ácido (como algunos jugos y refrescos) o se toma separado de las comidas, entre horas.

Durante las comidas, los alimentos dulces son menos perjudiciales porque al haber más saliva y otros alimentos, el azúcar está menos tiempo en contacto con los dientes. Entre horas ocurre lo contrario y los azúcares contactan más tiempo con las piezas dentales. Además, las comidas hacen subir el PH de la boca (disminuye la acidez), con lo que también disminuye la agresión al esmalte dental. Si nos lavamos bien los dientes después de las comidas, se eliminan definitivamente esos azúcares.

Un jugo de fruta natural, integrado en una comida, un desayuno o una merienda puede perfectamente formar parte de una dieta sana. Lo que no es bueno es tomar jugos para la sed, entre horas, sean naturales o no. Para la sed lo mejor es el agua. En cualquier caso es conveniente tener en cuenta que tiene mucho más valor nutritivo una fruta en trozos, que su jugo solamente.

Tampoco este es un hábito saludable. Las bolsas de patatas fritas y otros aperitivos salados tienen azúcares de otra clase, azúcares complejos, pero se transforman en azúcares simples por el efecto de la saliva, lo que al final también aumenta el riesgo de caries.

¿Se pueden hacer excepciones?  ¡Claro que si! La excepción, la fiesta de cumpleaños, la salida del domingo de paseo… no son el hábito. Lo perjudicial es el hábito, la costumbre de tomar siempre, todos los días y con frecuencia, dulces y bebidas dulces.

Pero donde hay que ser inflexibles y no permitirlo nunca es endulzar el chupón con azúcar o con miel. Y tampoco hay que dejar dormir a un bebé con un biberón de leche o de jugo en la boca. El bebé se acostumbra muy rápidamente al sabor dulce y este hábito produce caries muy graves, que llamamos caries del biberón, y que destruyen totalmente los dientes que acaban de salir.

Hay un derivado de azúcar, el xilitol, que se ha comprobado que dificulta la supervivencia del Streptococcus mutans, que es la bacteria que produce la caries. Se ha incorporado este azúcar a algunos chicles y también a otros dulces con el reclamo de que previenen la caries. Pero es importante saber que para que eso sea cierto, habría que masticar ese chicle varias veces al día y durante mucho tiempo, por lo cual no resulta práctico. Es decir, es una verdad a medias. Como conclusión, se puede decir que si se va a mascar un chicle, mejor que sea con xilitol que con otro azúcar.

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