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4 de agosto de 2015

LA COMIDA QUE DESPERDICIAMOS PUEDE SER EL ALIMENTO DE LOS MAS POBRES


  • El amor de Dios no es indiferenciado. Dios mira con cariño a cada uno, con nombre y apellidos.
  • El consumismo nos impulsa a desechar. Pero la comida que se tira a la basura es el alimento que se roba al pobre, al que pasa hambre.
  • Qué hermoso sería si cada noche pudiéramos decir: Hoy he realizado un gesto de amor hacia los demás.
  • Corremos el riesgo de ignorar el sufrimiento que no está cerca de nosotros. Reaccionemos y pidamos por la paz en Siria.
  • ¿Soy portador de reconciliación y de amor, según el Evangelio, en los ambientes donde vivo y trabajo?
  • La Virgen María está siempre a nuestro lado, sobre todo cuando sentimos el peso de la vida con todos sus problemas.
  • Quien escucha atentamente la Palabra de Dios y reza de verdad, siempre pregunta al Señor: ¿Qué quieres de mí?
  • Gracias a cuantos están ayudando con valentía a nuestros hermanos y hermanas en Irak.
  • La única guerra que todos debemos combatir es la de renunciar al mal.
  • He regresado a casa, y les aseguro que mi alegría es más grande que mi cansancio.
  • No podemos ser discípulos a medias. La Iglesia necesita de nuestra valentía para que demos testimonio de la verdad.
  • El verdadero poder es el servicio. El Papa ha de servir a todos, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más pequeños.
  • Les pido a quienes tienen responsabilidad política de no olvidar dos cosas: la dignidad humana y el bien común.
  • Deseo que cada familia redescubra la oración doméstica: esto también ayuda a comprenderse y perdonar.
  • La enfermedad y la muerte no son tabú. Son realidades que debemos afrontar en presencia de Jesús.
  • Señor Jesús, que seamos capaces de amar como tú.
  • No perdamos nunca la esperanza. Dios nos colma con su gracia si la pedimos con perseverancia.
  • Unámonos todos en oración por la inmediata liberación de las niñas secuestradas en Nigeria.
  • Queridos jóvenes, les invito a poner sus talentos al servicio del Evangelio, con creatividad y con una caridad sin fronteras.
  • Dios nos ama. Descubramos la belleza de amar y de ser amados.
  • Jesús viene en medio de nosotros y transforma nuestras vida. En Él vemos que Dios es amor, fidelidad, vida que se nos da.
  • Seamos dóciles a la Palabra de Dios, atentos a las sorpresas del Señor, que nos habla.
  • En este Año de la fe, no olvidemos que la fe no es para guardarla, sino para compartirla. Todo cristiano ha de ser un apóstol.
  • Demos siempre gracias a Dios, sobre todo por su paciencia y misericordia.
  • Que hermosa es la mirada de Jesús sobre nosotros, cuánta ternura. No perdamos nunca la confianza en la paciente misericordia de Dios.
  • El futuro está en las manos de Dios: en esto radica la esperanza cristiana.
  • Pidamos a la Virgen María que nos enseñe a afrontar con fe las actividades de cada día, abriendo cada vez más nuestra vida al Señor.


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