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17 de julio de 2015

RESUMEN DEL VENDEDOR MÁS GRANDE DEL MUNDO.


Escucha el siguiente audiolibro:
Los 10 Secretos del Vendedor más grande del mundo

Los 10 principios que esta historia contiene se han convertido en mi filosofía de vida, en nuevos hábitos inteligentes para mi éxito. Algunos ya los he practicado de manera innata a lo largo de mi vida. Otros, los he incorporado sin cuestionarlos.

-El Pergamino número Uno: “Hoy comienza una nueva vida”.
A pesar de haber escogido esta carrera repleta de oportunidades a la vez quede angustia y desesperación, no fracasaré como los otros.
Debo practicar el arte de la paciencia porque la naturaleza no procede jamás con apresuramiento.
La experiencia de alguien que tuvo éxito en el pasado, será impracticable mañana.
La única diferencia entre los fracasados y los exitosos en la vida reside en la diferencia de sus hábitos. Los buenos son la clave, los malos, la puerta al fracaso.
Me formaré buenos hábitos y seré esclavo de ellos.
La repetición diaria convertirá al nuevo hábito en parte integral de mi mente activa para pasar a formar parte de mi mente inconsciente, la que crea mis sueños.
Al convertirse en hábito, al practicarlo diariamente, se hace fácil y entonces, placentero.
Hoy soy una nueva persona, con una nueva vida.

-El Pergamino número Dos: “Saludaré el día con amor en mi corazón”.
Es el secreto más grande del éxito de toda empresa.
Sólo el poder invisible del amor puede abrir el corazón del hombre.
Haré del amor mi arma más poderosa. Les derretirá el corazón.
Contemplaré todas las cosas con amor. Elogiaré a mis enemigos y serán amigos míos. Animaré a mis amigos y se volverán mis hermanos. Amaré a todas las clases de hombre porque cada uno tiene cualidades dignas de ser admiradas, aunque están ocultas. Derribaré la muralla de la sospecha y en su lugar edificaré puentes hasta sus almas.
El amor es mi arma para abrir corazones y también para protegerme del odio y la ira de otros. Si me agreden, me dirigiré a ellos en silencio e internamente les diré que los amo.
Me amaré a mí mismo y vigilaré celosamente todo lo que entra en mi mente, mi cuerpo y mi corazón. No mimaré los apetitos de la carne. Trataré mi cuerpo con limpieza y moderación. Impediré que mi mente sea atraída por el mal o la desesperación. Los estimularé con conocimiento y sabiduría. No permitiré que mi alma se vuelva complaciente y satisfecha. La alimentaré con la meditación y la oración.
Amaré a toda la humanidad. El odio no corre por mis venas porque no tengo tiempo para odiar.
Por más habilidades y conocimiento que tenga, sin amor fracasaré.

-El Pergamino número Tres: “Persistiré hasta alcanzar el éxito”.
Todos los días la vida me pone a prueba de nuevo. Si persisto, alcanzaré el éxito.
Me abstendré de escuchar aquellos que lloran o se quejan, porque la enfermedad es contagiosa.
Siempre daré un paso más.
Jamás aceptaré la derrota y borraré de mi vocabulario fracaso, no puedo, imposible, improbable, irrealizable, abandono, impráctico, sin esperanzas o retirada.
Trabajaré y aguantaré manteniendo la vista fija en mis metas. Recordaré la ley del promedio: con cada fracaso estaré más cerca del éxito.
Tampoco permitiré que mis éxitos me hagan caer en la complacencia del hoy: es el fundamento del fracaso.
Si persisto lo suficiente alcanzaré la victoria.

-El Pergamino número Cuatro: “Soy el milagro más grande de la Naturaleza”.
Nunca ha existido ni existirá nadie como yo: con mi me mente, mi corazón, mi mente, mis oídos, mi boca.
Soy una criatura única: el milagro más grande de la Naturaleza.
Proclamaré mi singularidad al mundo. Nadie venderá como yo. Promoveré esta diferencia.
No imitaré a otros. Venderé, proclamaré y sentiré orgullo de mi diferencia.
Tengo un potencial ilimitado y sólo uso una pequeña porción de mi cerebro y ejercito una ínfima parte de mis músculos.
No quedaré nunca satisfecho con los éxitos del ayer. Puedo hacer mucho más de lo realizado y lo haré.
Estoy con un propósito en esta tierra. Así que concentraré todos mis esfuerzos y me autoexigiré el máximo potencial.
Acrecentaré mis conocimientos. Practicaré, mejoraré y puliré mis palabras y mis modales para que atraigan como el azúcar que atrae a los demás.
Dejaré los problemas de casa en casa y los del trabajo en el trabajo. Así me mantendré unido a los dos. Ni el hogar ensombrecerá mis negocios ni mis negocios apagarán mi amor.
Tengo ojos para ver y mente para pensar: con cada victoria, la próxima lucha será más fácil.
Venceré porque soy único, singular.

-El Pergamino número Cinco: “Viviré este día como si fuese el último de mi vida”.
No perderé ni un momento en lamentarme por las desgracias del ayer. Ha quedado sepultado para siempre. No pensaré más en él.
Este día es todo lo que tengo. Doy gracias por el don de un nuevo día.
Soy afortunado. Las horas de hoy, algo extra, inmerecido.
Trataré con ternura y afecto cada hora porque no volverán jamás.
Destruiré la indecisión con acción, el temor con confianza y sepultaré las dudas bajo la fé.
Los deberes de hoy cumpliré hoy.
Saborearé este día y daré gracias.
Cada minuto de hoy será más fructífero y fecundo que las horas de ayer.
Mi último día deberá ser mi mejor día.

-El Pergamino número Seis: “Hoy seré dueños de mis emociones”.
La Naturaleza es un ciclo de estados de ánimo y yo soy parte de ella.
Si ofrezco a mis clientes lluvia y tinieblas, reaccionarán con tristeza. Si ofrezco gozo, claridad y entusiasmo, reaccionarán con alegría y mi tiempo será productivo.
Débil es aquel que permite que sus pensamientos controlen su acciones.
Si estoy deprimido, cantaré.
Si estoy sólo, reiré.
Si estoy enfermo, redoblaré mi trabajo.
Si estoy con miedo, me lanzaré adelante con acción.
Si me siento inferior, vestiré ropas nuevas.
Si me siento inseguro, levantaré la voz.
Si me siento pobre, pensaré en riqueza.
Si me siento incompetente, recordaré éxitos pasados.
Si me siento insignificante, pensaré en mis metas.
Pero también:
Si siento confianza excesiva, recordaré mis fracasos.
Si me siento inclinado a la buena vida, recordaré hambres pasadas.
Si siento complacencia, recordaré mis competidores.
Si me siento todopoderoso, intentaré detener el viento.
Si alcanzo grandes riquezas, pensaré en una boca hambrienta.
Si me siento orgulloso en exceso, recordaré momentos de debilidad.
Si pienso que mi habilidad no tiene igual, contemplaré las estrellas.
Con todo este nuevo conocimiento comprenderé y recordaré los estados de ánimo de los demás.
Reconoceré e identificaré el misterio de los estados de ánimo de la humanidad y míos mismos.
Los dominaré y controlaré mi destino.
Hoy controlo mi destino, seré dueño de mí mismo, seré grande.

-El Pergamino número Siete: “Me reiré del mundo”.
De todos los seres vivos sólo el hombre puede reírse.
Cultivaré el hábito de la risa. Es el gran secreto de la larga vida.
Y, especialmente, reírse de uno mismo.
Tres palabras conseguirán que el buen humor no se aparte de mí: “Esto pasará también”.
Trabajaré para no estar triste. Disfrutaré la felicidad de hoy. Me reiré de mis fracasos y se desvanecerán. Me reiré de mis éxitos y quedarán reducidos a su verdadero valor.
El día será triunfante sólo cuando mis sonrisas provoquen risas en otros.
Nunca me permitiré ser tan sabio, tan importante, tan reservado, tan poderoso que me olvide de reírme de mí mismo y del mundo.
Seguiré siendo siempre un niño porque sólo así puedo admirar a otros y mientras lo haga, no tendré una opinión excesiva sobre mí mismo.
Mientras pueda reírme, jamás seré pobre. Sólo con la risa y la felicidad puedo alcanzar el éxito.
Seré feliz y tendré éxito.

-El Pergamino número Ocho: “Hoy multiplicaré mi valor en un 100%”.
El trigo no puede elegir ser alimento para puercos, molido para pan o sembrado para su multiplicación. Yo tengo la facultad de escoger.
Fijaré metas para el día, el mes, el año y mi vida.
Recordaré mis mejores trabajos y los multiplicaré en un 100%.
Si tropiezo, me levantaré de nuevo. Todos los hombres deben tropezar antes de lelgar a su hogar.
Sobrepasar los hechos de otros carece de importancia. Sobrepasar los propios, lo es todo.
No habrá escapatoria de mí mismo hasta que mis palabras se conviertan en hechos.
No apuntaré demasiado bajo.
No trabajaré como lo haría un fracasado.
Extenderé siempre mi brazo más allá de lo que esté a mi alcance.
Ampliaré siempre mis metas una vez alcanzadas.
Procuraré que la próxima hora sea mejor que esta.
Pero sobretodo, nunca proclamaré mis éxitos. Que el mundo se me acerque con alabanza y que yo tenga la sabiduría de recibirlo con humildad.

-El Pergamino número Nueve: “Procederé ahora mismo”.
Los sueños sin acción carecen de valor.
La acción es el alimento y la bebida que nutrirán mi éxito.
Me convertiré en luciérnaga. Sólo proyecta su luz cuando está en movimiento. Y así Iluminaré el mundo.
No eludiré las tareas de hoy ni las postergaré. Es mejor actuar y fracasar que quedarse quieto o sobrevivir a duras penas.
Saltaré de la cama en lugar de dormir una hora más, como el fracasado.
Sólo la acción determina mi valor y para multiplicarlo, multiplicaré mi acción.
Trabajaré cuando el fracasado busque descanso.
El ahora es todo lo que tengo.
Si el león siente hambre, come. Si el águile tiene sed, bebe. Si no lo hicieran, morirían.
Yo siento sed de éxito. Hambre de felicidad y paz mental. Si no actúo, pereceré en mi vida de fracaso.
El éxito no espera.

-El Pergamino número Diez: “Oraré pidiendo dirección”.
¿Qué hombre con poca fé no ha invocado a su Dios en un momento de angustia o desesperación?
¿No son nuestros clamores una forma de oración?
Oraré, pero no pidiendo cosas materiales, sinó dirección.
Clamaré orientación, señales en el camino.

Y así fue como quedé impregnada de la sabiduría de Og Mandino y su vendedor más grande del mundo.

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