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13 de julio de 2015

REFLEXIONES DE LA ABUELA MARGARITA


Reflexiones:
  • Cuando entiendes quién eres, tus pensamientos se hacen realidad. Yo, cuando necesito algo, me lo pido a mí misma. Y funciona.
  •  En nuestro cuerpo habita Dios. Nuestro cuerpo es la casa de Dios.
  • Todos somos iguales.
  • Nacemos cada 13 años porque nuestro cuerpo cambia, nuestras células cambian y vivimos diferente cada espacio de tiempo. Todos tenemos derecho a vivir como queremos.
  • Debemos aprender a cerrar círculos y a vivir plenamente cada etapa de la vida.
  • Debemos aprender a quemar los apegos.
  • Debemos servir plenamente a la humanidad.
  • Debemos aprender a encontrarnos a nosotros mismos y a conocernos muy bien.
  • Primero debemos recordar quienes somos.
  • Nuestro origen es divino y debemos vivirlo.
  • Debemos aprender el amor sin apegos.
  • La muerte no existe. La muerte simplemente es dejar el cuerpo físico
  • Quiero morirme, danzando y cantando
  • Una relación de amor duradera se da cuando miras a los ojos a tu pareja y dejas entrar al otro en ti y tú entras en el otro y te haces uno.
  • Nadie quiere vivir sin sentido
  • Yo soy salud, abundancia, paz, plenitud, voluntad y todo lo que yo quiera ser.
  • -¡La felicidad es tan sencilla!, consiste en respetar lo que somos.
  • “La misión de la mujer es enseñarle hombre a amar. Cuando aprendan, tendrán otra manera de comportarse con la mujer”.
  • Debemos ver nuestro cuerpo como algo sagrado y saber que el sexo es un acto sagrado. La vida llega a través de ese acto de amor.
  • Devolverle el poder sagrado a la sexualidad cambia nuestra actitud ante la vida.
  • Cuando la mente se une al corazón todo es posible
  • Nos han enseñado a adorar imágenes en lugar de adorarnos a nosotros mismos y a adorarnos entre nosotros.
  • Debemos ser más ligeros, afinar las capacidades, entender.
  • Si decides vivir todas tus capacidades para hacer el bien, la vida es deleite.
  • He venido a la Tierra para recordarles lo que hay dentro de cada uno.
  • La alegría puede llegar si nuestros corazones se encuentran el paz.
  • Debemos aprender a hablar con Dios. No se trata de pedirle cosas o de rogarle, sino de conversar con él, de tenerle confianza y tenerle fe.
  • Hay mucha felicidad en ver la naturaleza y sentirla como algo que está contigo.
  • Uno cambia cuando recuerda quien es y de donde viene.
  • Cuiden sus mujeres, sus hijos, sus tradiciones y transmitan el conocimiento.
  • Todos somos espíritu.
  • La energía divina siempre se manifiesta en nosotros.
  • Siempre debemos vivir y estar agradecidos.
  • Debemos poner nuestras intenciones al rezar.
  • La sabiduría y poder son algo que se percibe con nitidez.
  • Debemos recobrar el poder de la palabra y el de poder compartir
  • Todos somos como un diamante de la máxima calidad, pero las caras del diamante que tenemos y que proyectan la luz son distintas en cada uno. Cada uno tiene su brillo y por eso no somos iguales, pero nadie es superior, ni nadie inferior.
  • La espiritualidad es algo que esta creciendo despacio.
  • Tenemos que tener mucha fe en la juventud. Ellos serán quienes cuiden la madre tierra cuando la comiencen a verla bien perdida y deteriorada.
  • Todos somos pura energía.
  • Debemos perderle el miedo a la muerte. Deberíamos cambiarle el nombre, porque el cuerpo retorna a la madre tierra en cenizas y el espíritu perdura.
  • Las raíces de quienes somos las debemos sacudir. Elegir las cosas que nos sirven, que nos convienen y dejar aquello que no es útil o que ya no aplica.
  • Debemos amar la madre tierra, cuidarla y convertirla en un paraíso.
  • La mujer tiene primero corazón y luego cabeza, y el hombre primero cabeza y luego corazón y al juntarse se da la unidad en el amor.
  • La vida es la experiencia mas espiritual que se puede tener.
  • Debemos estar atentos cuando respiramos. Ahí comienza a funcionar todo. Tenemos que tener mucho cuidado con lo que pensamos. Tus pensamientos te llevan a donde quieras ir.



Entrevista a la Abuela Margarita

La Abuela Margarita, curandera y guardiana de la tradición maya, se crió con su bisabuela, que era curandera y milagrera. Practica y conoce los círculos de danza del sol, de la tierra, de la luna, y la búsqueda de visión. Pertenece al consejo de ancianos indígenas y se dedica a sembrar salud y conocimiento a cambio de la alegría que le produce hacerlo, porque para sustentarse sigue cultivando la tierra.

Cuando viaja en avión y las azafatas le dan un nuevo vaso de plástico, ella se aferra al primero: ‘No joven, que esto va a parar a la Madre Tierra’. Rezuma sabiduría y poder, es algo que se percibe con nitidez. Sus rituales, como gritarle a la tierra el nombre del recién nacido para que reconozca y proteja su fruto, son explosiones de energía que hace bien al que lo presencia; y cuando te mira a los ojos y te dice que somos sagrados, algo profundo se agita.

Ella nos dice: ‘Tengo 71 años. Nací en el campo, en el estado de Jalisco (México), y vivo en la montaña. Soy viuda, tengo dos hijas y dos nietos de mis hijas, pero tengo miles con los que he podido aprender el amor sin apego. Nuestro origen es la Madre Tierra y el Padre Sol.

He venido a la Fira de la Terra para recordarles lo que hay dentro de cada uno.’

-¿Dónde vamos tras esta vida?
-¡Uy hija mía, al disfrute! La muerte no existe. La muerte simplemente es dejar el cuerpo físico, si quieres.

-¿Cómo que si quieres…?
-Te lo puedes llevar. Mi bisabuela era chichimeca, me crié con ella hasta los 14 años, era una mujer prodigiosa, una curandera, mágica, milagrosa. Aprendí mucho de ella.
-Ya se la ve a usted sabia, abuela.
-El poder del cosmos, de la tierra y del gran espíritu está ahí para todos, basta tomarlo. Los curanderos valoramos y queremos mucho los cuatro elementos (fuego, agua, aire y tierra), los llamamos abuelos. La cuestión es que estaba una vez en España cuidando de un fuego, y nos pusimos a charlar.

-¿Con quién?
-Con el fuego. ‘Yo estoy en ti’, me dijo. ‘Ya lo sé’, respondí. ‘Cuando decidas morir retornarás al espíritu, ¿por qué no te llevas el cuerpo?’, dijo. ‘¿Cómo lo hago?’, pregunté.
-Interesante conversación.
-’Todo tu cuerpo está lleno de fuego y también de espíritu -me dijo-, ocupamos el cien por cien dentro de ti. El aire son tus maneras de pensar y ascienden si eres ligero. De agua tenemos más del 80%, que son los sentimientos y se evaporan. Y tierra somos menos del 20%, ¿qué te cuesta cargar con eso?’.
-¿Y para qué quieres el cuerpo?
-Pues para disfrutar, porque mantienes los cinco sentidos y ya no sufres apegos. Ahora mismo están aquí con nosotras los espíritus de mi marido y de mi hija.
-El muertito más reciente de mi familia es mi suegro, que se fue con más de 90 años. Tres meses antes de morir decidió el día. ‘Si se me olvida -nos dijo-, me lo recuerdan’. Llegó el día y se lo recordamos. Se bañó, se puso ropa nueva y nos dijo: ‘Ahora me voy a descansar’. Se tumbó en la cama y murió. Eso mismo le puedo contar de mi bisabuela, de mis padres, de mis tías…
-Y usted, abuela, ¿cómo quiere morir?
-Como mi maestro Martínez Paredes, un maya poderoso. Se fue a la montaña: ‘Al anochecer vengan por mi cuerpo’. Se le oyó cantar todo el día y cuando fueron a buscarle, la tierra estaba llena de pisaditas. Así quiero yo morirme, danzando y cantando. ¿Sabe lo que hizo mi papá?
-¿Qué hizo?
-Una semana antes de morir se fue a recoger sus pasos. Recorrió los lugares que amaba y a la gente que amaba y se dio el lujo de despedirse. La muerte no es muerte, es el miedo que tenemos al cambio. Mi hija me está diciendo: ‘Habla de mí’, así que le voy a hablar de ella.
-Su hija, ¿también decidió morir?
-Sí. Hay mucha juventud que no puede realizarse, y nadie quiere vivir sin sentido.

-¿Qué merece la pena?
-Cuando miras a los ojos y dejas entrar al otro en ti y tú entras en el otro y te haces uno. Esa relación de amor es para siempre, ahí no hay hastío. Debemos entender que somos seres sagrados, que la Tierra es nuestra Madre y el Sol nuestro Padre. Hasta hace bien poquito los huicholes no aceptaban escrituras de propiedad de la tierra. ‘¿Cómo voy a ser propietario de la Madre Tierra?’, decían.
-Aquí la tierra se explota, no se venera.

-¡La felicidad es tan sencilla!, consiste en respetar lo que somos, y somos tierra, cosmos y gran espíritu. Y cuando hablamos de la madre tierra, también hablamos de la mujer que debe ocupar su lugar de educadora.
-¿Cuál es la misión de la mujer?
-Enseñar al hombre a amar. Cuando aprendan, tendrán otra manera de comportarse con la mujer y con la madre tierra. Debemos ver nuestro cuerpo como sagrado y saber que el sexo es un acto sagrado, esa es la manera de que sea dulce y nos llene de sentido. La vida llega a través de ese acto de amor. Si banalizas eso, ¿qué te queda? Devolverle el poder sagrado a la sexualidad cambia nuestra actitud ante la vida. Cuando la mente se une al corazón todo es posible. Yo quiero decirle algo a todo el mundo…
-¿…?
-Que pueden usar el poder del Gran Espíritu en el momento que quieran. Cuando entiendes quién eres, tus pensamientos se hacen realidad. Yo, cuando necesito algo, me lo pido a mí misma. Y funciona.
-Hay muchos creyentes que ruegan a Dios, y Dios no les concede.
-Porque una cosa es ser limosnero y otra, ordenarte a ti mismo, saber qué es lo que necesitas. Muchos creyentes se han vuelto dependientes, y el espíritu es totalmente libre; eso hay que asumirlo. Nos han enseñado a adorar imágenes en lugar de adorarnos a nosotros mismos y entre nosotros.
-Mientras no te empaches de ti mismo.
-Debemos utilizar nuestra sombra, ser más ligeros, afinar las capacidades, entender. Entonces es fácil curar, tener telepatía y comunicarse con los otros, las plantas, los animales. Si decides vivir todas tus capacidades para hacer el bien, la vida es deleite.
-¿Desde cuándo lo sabe?
-Momentos antes de morir mi hija me dijo: ‘Mamá, carga tu sagrada pipa, tienes que compartir tu sabiduría y vas a viajar mucho. No temas, yo te acompañaré’. Yo vi con mucho asombro como ella se incorporaba al cosmos. Experimenté que la muerte no existe. El horizonte se amplió y las percepciones perdieron los límites, por eso ahora puedo verla y escucharla, ¿lo cree posible?
-Sí.
-Mis antepasados nos dejaron a los abuelos la custodia del conocimiento: ‘Llegará el día en que se volverá a compartir en círculos abiertos’. Creo que ese tiempo ha llegado.


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