13 de mayo de 2015

POR TU BIEN DEJA DE TOMAR GASEOSAS


Sabes que los refrescos no son precisamente buenos para ti, pero al mismo tiempo es posible que sea difícil resistirse. Su sabor dulce, el agradable burbujeo y el aporte de energía a veces parece ser justo lo que necesitas para acompañar tu cena, superar el cansancio de la tarde o saciar tu sed.

Pero entre más refresco consumas (regular o de dieta), más peligrosos pueden volverse tus hábitos. Ya sea que bebas una gaseosa al día o que bebas una de vez en cuando, reducir el consumo podría tener beneficios en tu peso y en tu salud en general.

Estas son las razones por las que deberías consumir menos estas bebidas y algunos consejos para facilitar la transición.

El mayor riesgo para quienes beben refresco regularmente es el exceso de calorías, dice una enfermera certificada y profesora asistente de Nutrición Clínica en el Centro Médico Southwestern de la Universidad de Texas. "Las calorías que hay en el refresco regular provienen completamente del azúcar agregado y no hay ningún valor en términos de vitaminas o minerales, ni siquiera de carbohidratos de buena calidad", explicó.

Además, el refresco podría causar otra clase de daño. Algunos estudios han demostrado que su consumo se relaciona con la caries y con la diabetes y parece que también es malo para tus huesos. "Tal vez tenga que ver con el fósforo que contiene el refresco o podría ser que la gente está tomando refresco en vez de otras bebidas, tales como la leche, que tienen nutrientes necesarios para tener huesos sanos".

¿Qué hay de los refrescos de dieta?
Es probable que los refrescos libres de azúcar no tengan calorías, pero eso no significa que te hacen bien. De hecho, es probable que ni siquiera te ayuden a bajar de peso (las investigaciones al respecto han sido contradictorias en el mejor de los casos, pero en varios estudios se ha demostrado que quienes beben refrescos de dieta tienen más probabilidades de tener sobrepeso u obesidad que quienes beben refrescos regulares).

Además, las bebidas de dieta conllevan los mismos riesgos para la salud que los refrescos regulares, entre ellos la caries y la pérdida de densidad ósea; también se relacionan con las enfermedades cardíacas y con la depresión en el caso de las mujeres. Cambiar a refrescos de dieta podría ser un buen primer paso si tratas de eliminar las calorías sobrantes, pero lo mejor que puedes hacer es dejarlos poco a poco, dice el experto.

Estos datos podrían ser suficientes para convencerte de que deberías dejar de tomar refresco, pero es más fácil decirlo que hacerlo. "La gente realmente se vuelve adicta a las gaseosas, así que tienes que ser realista, no idealista", dice la nutrióloga experta. "No recomiendo que dejes de tomarlo de golpe; tienes que dejarlo poco a poco, como dejarías cualquier cosa con la que hayas desarrollado dependencia".

Si usualmente bebes varias porciones de refresco al día, se sugiere que primero reduzcas el consumo a una al día. Después de dos semanas, cambia a tres refrescos a la semana. "Eso te da la oportunidad de ajustarte gradualmente, lo cual debería causar un cambio sostenible".

Combínalo con agua
La experta también recomienda que dejes poco a poco el refresco y a veces sugiere a sus clientes que empiecen a beber la mitad de refresco y la mitad de agua. "Automáticamente beberás menos, te hidratarás y te llenarás con agua, lo cual es bueno", dice.
Además, hay otra ventaja: "se reduce el azúcar que consumes con tu refresco, lo cual es una de las cosas a las que la gente se acostumbra. Si bebes menos azúcar, tus papilas gustativas cambiarán y pronto ya no necesitarás esa dulzura".

Empieza a contar tus calorías
Si bebes gaseosas sin estar consciente del impacto que tienen en tu cintura, podrías estar al borde de un despertar amargo: cada lata de Coca de 340 mililitros, por ejemplo, contiene 140 calorías, mientras que una botella de medio litro contiene 240.

Descarga una aplicación para contar calorías, te ayudará a darte cuenta de lo mucho que esas bebidas afectan tu consumo diario de calorías, siempre y cuando captures y registres cada porción. En vez de rellenar tu vaso una y otra vez, empieza a poner atención en cuánto estás bebiendo; cuando lo hagas, tal vez te sientas más dispuesto a reducir tu consumo.

Piensa en cuánto ejercicio necesitarás
Otra forma de contar las calorías que estás ingiriendo es pensar cuánto ejercicio necesitarás para quemarlas. En un estudio que se hizo en 2014 en la Universidad Johns Hopkins, los investigadores colocaron letreros en las tiendas de los vecindarios, en los que señalaban que se necesitaría caminar ocho kilómetros o trotar 50 minutos para quemar las calorías que contiene una botella de medio litro de refresco.
Los "comerciales" funcionaron: cuando los clientes adolescentes vieron estos letreros, fue más probable que compraran un refresco más pequeño o que no bebieran refresco. "Cuando explicas las calorías de forma fácil y comprensible, como en términos de cuántas millas tendrías que caminar para quemarlas, puedes propiciar cambios de comportamiento", dijeron los autores del estudio.

Cambia por té sin endulzar
¿Necesitas ese golpe de cafeína para despertar por las mañanas? La experta sugiere que si no bebes café, bebas té sin endulzar. "Puede ser igualmente refrescante y beber los fitoquímicos del té tiene beneficios reales para la salud", dice.

Si no te gusta el sabor del té solo, ponle un poco de limón, menta o un poco de azúcar o de edulcorante artificial, al menos durante la etapa de transición. Lo importante es que estés consciente y a cargo de lo que consumes exactamente y cuánto le agregas.

Bebe antes un vaso con agua
Cuando tengas la imperiosa necesidad de beber una dosis de refresco, llena un vaso grande con agua con hielo y bébelo antes. "Muchas veces, la gente bebe refresco solo porque está aburrida o porque tiene sed y eso es lo que hay o lo que acostumbran beber", explicó la experta.

Si después de beber el agua sigues con el antojo de refresco, entonces puedes reevaluar si realmente vale la pena, pero es probable que tu sed se haya saciado y que te sientas satisfecho solo con el agua (puedes hacer que esto funcione cuando andas en la calle si siempre llevas una botella con agua).

Dale una oportunidad al agua mineral
Si lo que se te antoja es algo carbonatado, intenta beber agua mineral con gas sola o saborizada. "Agrega un poco de jugo de fruta para darle sabor y cambia poco a poco ese jugo por zumo fresco de cítricos". "Así, sigues obteniendo las burbujas que te encantan del refresco, pero controlas la dulzura y el azúcar agregado".

Recomienda agregar al agua rebanadas de limón, naranja o pepino a una jarra de agua y meterla al refrigerador, lo que podría disuadirte cuando busques un refresco frío. Los frutos del bosque congelados y la menta fresca también pueden ser buenas adiciones a un vaso de agua fría.

Aléjate de las cosas que te incitan a beber refresco

Inténtalo por dos semanas

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