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7 de febrero de 2013

ELIMINAR LOS MALOS RECUERDOS



Borrar la memoria ha sido tema en numerosos libros y películas.

Lo que pasa en el cerebro cuando tratamos de olvidar: Borrar la memoria aún es ficción, pero...

¿Quién no carga con un recuerdo doloroso que quisiera eliminar? Ese deseo, podría ser realidad. Según una investigación de la Universidad de Cambridge, hay dos técnicas para sacarse de la cabeza las experiencias amargas: la supresión y la sustitución.

El primer mecanismo para causar el olvido es detener el proceso de recordar, o sea “empujar la memoria (afuera) de la conciencia intencionalmente”. El segundo mecanismo consiste en ‘encender’ un nuevo recuerdo, para que trate “de ocupar la conciencia con algo más agradable”.

Mediante resonancias magnéticas, los investigadores concluyeron que “cada mecanismo activa unos circuitos neuronales distintos” y que ambas estrategias cerebrales son igualmente efectivas a la hora de desechar recuerdos.

Lo que uno recuerda hace parte de una cadena de hechos, por lo que algunos recuerdos interfieren con otros. Hay dos posibilidades de interferencia, una proactiva, cuando los recuerdos más viejos afectan a los nuevos, y otra retroactiva, en la que pasa lo contrario.

Es posible desarrollar tratamientos para diversos problemas mentales.

Las intervenciones cognoscitivo-conductuales que se hacen hoy no tratan de borrar malos recuerdos, sino propiciar otra manera de abordarlos. De hecho, el estrés postraumático se trata reprocesando los eventos sufridos, para cambiar el modo en que el sujeto los representa en su memoria. Todo, con base en el hecho de que cuando el recuerdo es traído al presente se almacena de nuevo en el cerebro. “En ese momento entra en una etapa débil, y puede ser modificado”.

Los tratamientos abordan dos componentes: el primero busca que la persona aprenda que esas situaciones (ya) no son peligrosas; y el segundo lleva a la persona a modificar el significado de esa información. Lo que se busca es erradicar la memoria emocional negativa, que la persona sea consciente de lo que pasó, pero que ya no la afecte.

Pero antes de cualquier intervención, hay que tener en cuenta un principio fundamental: los malos recuerdos no son inútiles. De hecho, desempeñan un papel muy importante. “Cumplen una función adaptativa y ayudan a protegernos y evitar el peligro. Por ejemplo, si me atracan en un puente por la noche, gracias al recuerdo que tengo de ese evento no volveré a pasar por el mismo lugar a la misma hora”.
Por supuesto, todo extremo es dañino y hay recuerdos persistentes que se vuelven traumas. “Cuando se presentan reacciones emocionales muy intensas en momentos inadecuados, y eso afecta la calidad de vida, hablamos de una patología”. Es una señal de alarma.

 “Está comprobado que los recuerdos con mayor carga afectiva son los más persistentes. Y entre los positivos y los negativos, suelen imponerse los segundos”.

Estudios señalan que el propanolol reduce el estrés postraumático.
Varios experimentos han demostrado que la memoria se puede intervenir. Los primeros se hicieron con animales que habían memorizado la forma de salir de un laberinto, pero que luego de darles una sustancia inhibidora de la síntesis de proteínas no recordaban cómo hacerlo.

Otro estudio probó en humanos un fármaco que se utiliza para regular la tensión. A varias víctimas de eventos traumáticos les pidieron describirlos y a algunas les dieron el fármaco. Al cabo de una semana de dosis diarias, su respuesta psicológica al hecho resultó mucho mejor que la de los demás. “Sin embargo, como no conocemos ciertas variables de los mecanismos de reconsolidación de la memoria, no se sabe cómo podrían aplicarse en la parte clínica”.

En la película ‘Eterno resplandor de una mente sin recuerdos’, los protagonistas acuden a una clínica para olvidarse mutuamente. En ‘Paycheck’, a Ben Affleck le borran la memoria cada vez que idea una novedad tecnológica, y ‘El vengador del futuro’ gira en torno de la creación de falsos recuerdos.

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