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4 de febrero de 2013

EL LADO OSCURO DEL CONFORMISMO



Aceptar aquello que depara la vida es una cosa, y otra actitud muy diferente consiste en resignarse.

"A falta de pan buenas son las tortas", afirma el refrán en referencia a quien se conforma con algo que reemplaza a aquello que quería en primer lugar y no pudo obtener.

“Más vale malo conocido que bueno por conocer...”, reza otro dicho popular, que considera preferible resignarse a lo que no desagrada o daña en lugar de arriesgarse a cambiarlo o conseguir algo nuevo.

Frases tan conformistas como letales para el entusiasmo y la voluntad de superación de una persona, cargadas de un inmovilismo que llevan al desánimo y la parálisis vital y, en casos extremos, a vivir desesperado en silencio.

Es el lado oscuro del conformismo, si es que puede encontrarse alguna faceta luminosa en esa actitud de adaptarse a cualquier circunstancia o situación con excesiva facilidad, en lugar de rebelarse contra ella.

No se debe conformar con “los roles que las sociedad tiene previstos, ni rendirse a las expectativas ajenas, a lo que los demás esperan de nosotros.

Hemos de exigirnos a nosotros mismos estar en contacto con nuestras polaridades y potencialidades, recordando que afortunadamente somos seres completos, singulares, únicos e irrepetibles.

En vez de conformarse con una educación basadas en el miedo, la comparación, el ridículo y el castigo, hay que exigir para nosotros mismos y nuestros seres queridos, que esa educación se base en la motivación, el estímulo, la creatividad y la cercanía.

Tampoco hay que conformarse con una relación con nuestro propio cuerpo “basada en la moda, la presión social y las costumbres”, ni tampoco con “mantener unas relaciones mediocres basadas en la aprobación condicional, la prostitución afectiva o compra-venta interesada,

Hemos de exigir relaciones de gozo y crecimiento, de respeto y consideración, donde nuestro desarrollo como personas sea lo prioritario. Y esto por una sola razón: porque nos lo merecemos.

Según los expertos, hay que evitar resignarse a “vivir anestesiado de la mano del piloto automático, buscando destinatarios múltiples a los que culpabilizar. Hemos de exigir para nosotros una vida despierta, vivida desde la consciencia y entendiendo que la responsabilidad es el más valioso fruto de la libertad”.
¡No se conforme con el placer de los sentidos y la felicidad de las necesidades satisfechas!; reivindique para usted la alegría sin motivo que emerge a borbotones “por el solo hecho de estar vivos.

Se recomienda exigir para nosotros mismos “rebeldía y cuestionamiento, hasta conformar nuestra propia y personalizada jerarquía de valores y principios, en lugar de hacer nuestros automáticamente los valores y creencias que las sociedad nos ha trasmitido”.

Varias teorías y estudios clásicos, tanto en Psicología Social como en Sociología, han sugerido que el ser humano es tan conforme y maleable que pareciera desaparecer como entidad individual para ser absorbido por la otra identidad, la societal.

La necesidad por la aprobación social es de tal magnitud que las personas ceden sus verdaderas opiniones -aún a conciencia de que están diciendo un error o un disparate- para pertenecer y no ser rechazados socialmente.

No se nace conforme ni obediente, sin embargo, ambas son conductas actitudinalmente aprendidas. Dependen, fundamentalmente, del estilo de crianza al que son expuestas las personas.

En nuestras culturas latinoamericanas, por ejemplo, los adultos tienden a criar con actitudes de sobreprotección, fomentando el desarrollo de personalidades de mucha dependencia emocional y mucha conformidad como virtud de ‘buen hijo’”, indica la psicóloga clínica portorriqueña.

“Yo hago lo que hacen los demás…”

La conducta social que se espera de los miembros de un grupo va dirigida hacia las cosas que ‘debe hacer todo el mundo’. Se enseña desde la infancia que obedecer es una forma positiva de conducta.

A diferencia del conformismo, la aceptación de nosotros mismos y de nuestras circunstancias consiste en desarrollar una manera de pensar empírica y lógica, que puede conducir a un cambio real en nuestra existencia y desarrollar nuestra la tolerancia a la frustración y capacidad de sobreponernos a las adversidades.

“Quien acepta lo que llega y se autoacepta, tiene pensamientos de este tipo: ‘preferiría obtener lo que quiero, cumplir mis metas, pero acepto que soy yo quien tiene que esforzarse... y que, si a pesar de intentarlo, no lo logro, puedo disfrutar mi vida’.

La persona con diálogos internos basados en la autoaceptación, que cambian las exigencias por sanas preferencias, sin juzgarse a sí misma ni a los demás, se sentirá sanamente frustrada y molesta por ello, pero no deprimida
.
El ser humano no puede controlar los acontecimientos pero sí la manera de vivirlos, y puede crear su propio destino emocional.

“La naturaleza humana es neutra. Por ello, hay que apoyar la autoaceptación”.

Somos seres humanos capaces de ejecutar roles y comportamientos buenos y malos”, en lugar de cultivar ideas de autoestima que implican “soy una buena, o una mala persona”.

A veces las cosas salen a nuestro gusto y deseo, pero otras no, y siempre es una etapa que finalmente pasará. En algunos momentos sentimos incomodidad y no nos gusta la situación que afrontamos, pero ya hemos pasado por otras circunstancias parecidas y nuestra vida no se acabó por eso; pasó el tiempo y volvimos a sentirnos bien.

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