12 de diciembre de 2012

QUE FUE DE NUESTROS SUEÑOS



¿Que fue de todo aquello que soñamos que seriamos, de aquellas ilusiones, de aquellos proyectos…de aquellas ganas de cambiar el mundo, de aquella rebeldía?

¿Que fue de aquellos poemas que escribimos hace tiempo? ¿Donde están?

¿Que hicimos con  todas nuestras ideas, con ese convencimiento de que seriamos diferentes, de que lo haríamos mejor que lo hicieron  con nosotros?

¿Qué pasó con todos esos conceptos revolucionarios acerca de la educación, las relaciones, la amistad, de esa solidaridad de la que tanto hablábamos, con la igualdad? ¿Adonde fueron?

¿Dónde dejamos ese amor libre, esas  las flores en el pelo,  aquello de “tu hijo no es tu hijo sino hijo del mundo”  y no es de tu propiedad?

¿Cuándo olvidamos   esa libertad que tanto defendíamos, de la que tanto hablábamos con la que tanto nos identificábamos y por la que estábamos dispuestos a luchar?

¿Que ha sido de esa generación nuestra, de nuestros sueños,  de nuestras ilusiones? ¿Que hicimos con ellos?

Si estaban ¿Por qué ya no están?

¿Siguen todavía dentro de nosotros o se fueron quedando uno a uno en la comodidad, en el miedo,  o en la renuncia? ¿Nos vendieron que eran utópicos?

¿Se quedaron con las hipotecas, las compras a plazos, el squash, el colegio de los niños o  el chaletito en la playa?

¿Hicimos todo lo que pudimos para que fueran reales?

¿Nos esforzamos lo suficiente para que se cumplieran?

¿Cuándo se nos instalo en miedo en nuestro cuerpo y dejamos de luchar?
¿Porque la voz que no acalló la dictadura la ahogó la economía?

¿Qué ha pasado?

¿Qué queda en estos políticos de hoy de los jóvenes revolucionarios de ayer? Al fin y al cabo parte de ellos pertenecen a aquella  generación, también ellos quisieron cambiar el mundo, quisieron que fuera mejor, más justo, ellos también quisieron romper con esas  tradiciones que no nos servían, paradójicamente hemos creado otras mucho peores.

Mirando el mundo y echando la vista atrás me  parece mentira que éstos de hoy seamos aquellos contestatarios de ayer, realmente si algo ha cambiado ha sido a peor.

Miremos a nuestro alrededor.

Hoy el mundo gira en torno al dinero y no al bienestar de las personas, hoy es mucho más materialista que ayer.

El ser humano importa cada vez  menos, somos sólo  cifras, meras cifras de consumo o de paro, nos hemos convertido en mera estadística.

Hoy aquella igualdad, aquella libertad que tanto anhelábamos se ha sacrificado a favor del dinero, y lo que es peor parece que no nos importa.

Estamos atados a las férreas cadenas del capitalismo.

Merece la pena reflexionar si todas aquellas ideas estaban arraigadas de verdad en nosotros, si creíamos en ellas con el corazón o simplemente fueron una moda, una euforia de juventud, si protestábamos  solo por protestar.

Merece la pena que las próximas generaciones también reflexionen y se den cuenta de que a pesar de nuestras ideas, de alguna manera nos han vencido, nos venció el dinero.

A los  que ahora están queriendo cambiar el mundo, a los que empujan, a  los que no se conforman hoy  como hicimos nosotros ayer, a todos ellos les sugiero, que se  paren de vez en cuando a lo largo de su vida a recordar, a volverse adolescentes, contestatarios, a sentir  de nuevo el inconformismo y protesten una y mil veces por todo aquello que no les gusta. 

Porque si al  igual que nosotros, se dejan arrastrar y van poco a poco encerrando sus sueños en el cajón de la comodidad, es posible que se sientan   dentro de unos  años tan horrorizados como nosotros al ver el mundo que hemos dejado a nuestros  hijos.

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