29 de noviembre de 2012

LOS VERDADEROS POBRES


Los pobres, los verdaderos pobres, son todos aquellos que no tienen tiempo para perder tiempo.

Los verdaderos pobres, son aquellos que no tienen silencio y no pueden comprarlo.

Son aquellos que tienen piernas pero se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas han olvidado volar.

Son aquellos que comen basura y la pagan como si fuera comida.

Son aquellos que tienen el derecho de respirar mierda como si fuera aire.

Son aquellos que tienen sólo la libertad de elegir entre un canal de televisión y otro.

Aquellos que viven dramas pasionales con las máquinas,

Aquellos que estando entre muchos, están siempre solos.

Los pobres, los verdaderos pobres, son aquellos que no saben que son pobres.

A menudo tus historias hacen las cuentas con la televisión, que tú definiste de manera sagaz como la ametralladora televisiva. ¿Qué piensas de los medios de comunicación de masas?

La siguiente es un historia verdadera que relató el sultán de Persia miles de años atrás, pero que yo no olvidé, porque es muy poderosa, muy importante.

Miles de años atrás dijo el sultán de Persia:
"¡Qué maravilla!"; él nunca había probado la berenjena y la estaba comiendo en fetas condimentada con jengibre y hierbas del Nilo.

Entonces el poeta de la corte exaltó la berenjena que da placer al paladar y en la cama hace milagros porque para las proezas del amor resulta más estimulante que el polvo de dientes de tigre y que el cuerno rayado del rinoceronte.

Un par de bocados después, el sultán dijo: "¡Qué asco!", y entonces el poeta de la corte maldijo la berenjena traidora que retarda la digestión, llena la cabeza de feos pensamientos y empuja a los hombres virtuosos hacia el abismo del delirio y la locura.

Alguien malicioso comentó: "Apenas ha elevado a la berenjena al paraíso y ahora la está arrojando al infierno", pero el poeta, que era un profeta de los medios de comunicación de masas, puso las cosas en su lugar: "Yo soy un cortesano del sultán, no un cortesano de la berenjena."

Hoy, en nuestros discursos, en nuestras vidas, en nuestra cotidianidad, el espectro del miedo está muy presente, es invasor, orienta nuestras acciones, nuestros pensamientos...

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