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12 de julio de 2011

RELACIONES CONTAMINANTES



 Hay personas que logran despertar los peores pensamientos e intentan imponerse a los demás.

 ¿Quién no ha tratado con alguien que contamina con su negatividad, egoísmo o amargura? ¿Cuántas veces ha pronunciado la frase, "parece que esta persona disfruta haciéndome la vida imposible"? Es un hecho, hay personas que logran despertar los peores pensamientos y emociones, que intentan imponer sus penas y frustraciones y que manipulan, descalifican y son envidiosas y soberbias.

 Las relaciones con estas personas resultan tan tóxicas y contaminantes, que desgastan. Y reconocer que se está en una y liberarse de ella puede resultar muy difícil.

 "Hay que distinguir bien entre la gente que por estar deprimida en un momento dado transmite mala energía, pero no se da cuenta de ello, y las personas con tendencia a manipular a otras.

Son como vampiros: 'chupan' la energía de otros; además, son amargadas, envidiosas, negativas y posesivas".

 Amigo, familiar, pareja... no importa. De acuerdo con los expertos, esas personas tienen poder sobre aquellos que no son capaces de ejercer el suyo, ya sea por baja autoestima o por inseguridad. El reto es saber poner límites.

"En estas relaciones el problema es de los dos, porque siempre hay uno que contamina y otro que se deja contaminar y no contempla relaciones de otro tipo, que sean sanas".

 "Uno peca por acción y el otro por omisión. Uno abusa de los límites, todo le molesta, vive amargado; el otro tiene serios problemas de autoestima, no es capaz de poner límites, va sometiéndose".

 De acuerdo con la especialista, aunque todas las relaciones contaminantes son peligrosas, una de las que debe manejarse con mayor cuidado es la que se teje entre alguno de los padres y un hijo.

 "Te descalifican todo el tiempo, te juzgan, te humillan, te hacen sentir poca cosa, te hacen la vida imposible. Terrible si es la pareja o un amigo, pero cuando se trata de la familia, manejar el tema siempre será mucho más difícil. Y peor si se trata de un niño, que apenas está formando su personalidad y puede crecer con varios problemas psicológicos".

Salirse de una relación de este tipo genera los mismos problemas que recuperarse de una adicción al alcohol o a las drogas. El más común de ellos es el síndrome de abstinencia.

 "Tienen trastornos de ansiedad y depresión. Son personas miedosas, inseguras, que justifican el comportamiento del otro y creen que es normal".

 Los expertos aseguran que nadie sale solo de una relación así y que lo fundamental, después de reconocer que hay un problema, es pedir ayuda profesional.

 "Uno de ellos siente temor de tener una pareja o un amigo que les muestre cosas bonitas y agradables, depende mucho de la aprobación de los otros y tiene problemas para tomar decisiones. El otro tiene un ego muy grande, humilla, miente. Ambos requieren tratamiento, y ese no es un proceso fácil, necesita paciencia y tiempo".

 No siempre es posible evitar a esos seres, pero sí está en las manos de cada cual no dejarse afectar por sus malas energías.

 Identifíquelos y aléjelos

 Los envidiosos: se dedican a husmear en los logros ajenos, no para inspirarse sino para vengarse con críticas y actitudes negativas.

 Los descalificadores: intentan controlar la autoestima de los demás, menospreciando lo que hacen o dicen. Pueden alabarlos un día y al siguiente descalificarlos. Agrandan los errores de la gente y minimizan sus triunfos.

 Los falsos: son los que tratan de esconder su inseguridad fingiendo llevar una vida que no tienen, hablando de sí mismos con superioridad o actuando como víctimas.

 Los conformistas: son los que por temor a equivocarse no corren riesgos y se niegan a los cambios. Son personas perezosas, monótonas y sin visión, que limitan a quienes quieren crecer.

 Los chismosos: en su afán de agradar a otras personas, revelan los asuntos privados ajenos, incluso los detalles más íntimos.

 Los perfeccionistas: insatisfechos crónicos para los que nada ni nadie es suficiente. Esconden su necesidad de ser aceptados creando conflictos, y siendo rígidos y extremistas.

 Los manipuladores: son los que se aprovechan de las debilidades de las personas para obligarlas a hacer o decir cosas.

 Los soberbios: los que con orgullo y autosuficiencia creen tener la razón en todo y con todos. Su amor propio es excesivo y descartan las sugerencias u opiniones de los demás.

 

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