viernes, 11 de febrero de 2011

PENSAMIENTOS DE DAVID SANCHEZ JULIAO 1


“La felicidad de ser lo que uno es”

“La cultura es todo: lo que somos, lo que soñamos, lo que narramos, lo que comemos, lo que producimos, lo que vestimos, lo que amamos... y hasta lo que nos resulta antipático. “

“Uno de los graves problemas de nuestros países consiste en que hemos sido aleccionados acerca de que no somos cultos, y que lo único válido, legitimo y exaltable es aquello que en nada se parece a nosotros. Tal cosa ha generado en nuestras comunidades bajísimos niveles de autoestima y de sentido de pertenencia. No tener claros estos conceptos, lleva –sin remedio-- a la llamada ‘pérdida de identidad’. Podría llegar un momento en que ni siquiera sepamos quiénes somos.

“Para producir, para enfrentar el avance de las nuevas tecnologías, para insertarnos adecuadamente en el proceso de la actual corriente globalizante, y para lograr ser felices, es preciso afianzarnos en lo que somos, reconocernos y valorarnos. Tal actitud logrará el que podamos dialogar de tú a tú con el resto del planeta, pero desde una perspectiva de afirmación y de orgullo propios”.

"La actual televisión es un insulto a la colombianidad"

¿Y qué remedio oportuno tiene para la nostalgia? "La nostalgia según el maestro Zapata Olivella es un problema de orden fisiológico y químico. Cuando el cuerpo humano empieza a carecer de los ingrediente alimenticios que lo nutrieron en la infancia, el cerebro transforma ese problema de orden fisiológico en nostalgia. Entonces, uno toma un avión a Montería, se come tres sancochos de bocachico y se bebe seis 'Kola Román' y regresa a Bogotá hablando mal de los costeños".

"Sí. Nosotros celebramos la nostalgia y hasta la tristeza: '¡Qué día tan maravilloso para meterse en la cama, arroparse con las cobijas y deprimirse bien rico!'.

"Lo maravilloso de ser escritor es que, al vivir nosotros en contra vía,
empezamos a hacer cuadre de caja cuando tenemos 20 años. Ahora, casi a los 60, apenas empiezo a idear lo que voy a hacer cuando sea niño".

"Es una lástima que tanta gente lo haya abandonado a uno en las verdes, y que luego, como fantasmas, quieran aparecerse en las maduras”.

“Lo único que a esta altura a uno no le pueden quitar es lo mal escrito y lo bien bailado".

'El Almacosario' como usted bien ha denominado a esa bodega de los sentimientos que todos llevamos dentro?

"Sí. Y doy mi palabra acerca de que la palabra más hermosa de todas las palabras es la palabra 'palabra'. Palabra que sí.”

provengo de una 'cultura aquelarre', en donde los miembros de las familias se reúnen a contarse todo, a criticar todo, a hacer la crónica de todo, en forma oral y acompañada del lenguaje gestual.

Es esa rebeldía contra las formas acartonadas de los diccionarios y las academias, lo que reviste el lenguaje popular de la Costa Caribe, de tanta belleza y tan brillantez".

Mira lo que hacen por uno los buenos amigos: subir el ego.

"No todo es malo en la tele colombiana. Los comerciales son excelentes.

La actual televisión, además de un insulto a la colombianidad, es muestra de la poca importancia que los gobiernos le dan a los males que pueden causar a quienes no tienen recursos para pagar televisión por cable. Pero todo es así en este ignominioso subdesarrollo".

“Tenemos la televisión que merecemos, y la policía que merecemos, Y el gobierno que merecemos. Y los gremios económicos que merecemos. Y los ministros y las ministras 'churras' que merecemos. En resumen, el subdesarrollo no es una falta de recursos, sino una actitud frente a la vida. Sin embargo, abrigo la esperanza de que nos igualemos a la dignidad de Costa Rica, Nicaragua, Argentina y otros países que ya tienen expresidentes en la cárcel, conozco más de uno por aquí que anda suelto".

Para saber el mal que se le causa a los incautos hay que ver brasieres, nalgas y estupideces con frecuencia. Tenemos que ser conscientes del daño que le están causando a aquellos que, y no es mi caso, tragan entero.

"Casarse con la ex mujer es mas aburridor que la televisión prendida, la diplomacia y un aguacero de los demonios en Bogotá y sin sombrilla.

Como sucede con muchos productos artesanales del país, que caen en manos de comerciantes inescrupulosos, quienes compran el producto a los artesanos y, luego de una cadena de intermediarios, el producto termina siendo vendido a cuatro o cinco veces su valor original. Los organismos gubernamentales no ejercen el control o no prestan la ayuda suficiente a estas personas que fabrican la hamaca, para que  el precio final del consumidor, pues, llegue a manos de los artesanos.

El vallenato ha sido un género de afirmación, que elevó los niveles de pertenencia del pueblo de la bien llamada Región Caribe. En la instrumentación del vallenato  clásico con el uso de la caja, la guacharaca y el acordeón, las tres etnias que mayormente nos componen están representadas. El acordeón, como aporte blanco; la caja, como aporte negro; y la guacharaca, el aporte indio.

Intento escribir cosas que se parezcan a mí y a los míos, frente a los cuales siento tener una enorme responsabilidad, la de ayudar a ver las propias cosas en unas comunidades o unos colectivos que, de otro lado, me han ayudado a ver las propias cosas. De esa manera, escritor y comunidad nos retroalimentamos y crecemos juntos en un proceso que podríamos llamar dialéctico, cosa que nos permite encontrarnos y valorarnos en medio del disfrute de la creación literaria.

Esto, de por sí, es difícil de entender en países dependientes y subordinados culturalmente como Colombia, en donde se es más importante en la medida en que más se desprecie lo propio; lo propio, que casi siempre representa lo ridículo y peyorativizable, y que conduce, irremediablemente, según algunos, al abismo de lo fatal.

 ‘No me habría gustado ser paloma. Solo han sabido ser libres’. Y agregó: ‘Más bien, preferiría ser un tigre fugado del zoológico’. Ahora sé lo que es ser libre

No solo somos una cultura altamente religiosa sino también fatalista, y ambas cosas han entorpecido el desarrollo político de la región y pienso que han afianzado el caciquismo electorero. No somos menos religiosos que el resto del país, lo que sucede es que somos una cultura gregaria, bullanguera, de algazara y de ágora, callejera y oral, muy oral, con un calor que echa la gente a la calle.

Estar ‘aconductao’ o ‘aconductaíto’ es seguirle el juego a lo que ordenan, tanto los medios de comunicación como la cultura de la corrupción, en un país cuyos gobiernos han estado más interesados en crear consumidores que ciudadanos.  Y, mientras la gente consuma en esta sociedad de consumo y de mercado, poco importa de dónde salga el dinero para consumir.


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