17 de enero de 2011

DOWNSHIFTING



EL DINERO O LA VIDA.

Profesionales que renuncian al éxito y al dinero seducidos por los placeres de la sencillez.

Joe Domínguez se subió al tren de alta velocidad en el Harlem hispano y no se bajó hasta llegar a Wall Street, convertido en flamante asesor de inversión en Bolsa: ejemplo modélico de «self-made man», triunfador nato, encarnación perfecta del sueño americano...

«Y te voy a decir una cosa: miraba a mi alrededor, me fijaba en las caras de esos "gringos" que sólo pensaban en amasar dólares y me decía para mis adentros: "Pues si resulta que éramos más felices en el barrio, con todas nuestras miserias"».

Callado, Joe fue albergando una secreta ambición: renunciar a todas sus ambiciones.

Siguió trabajando como el que más, unas doce horas al día, pero se fijó una meta temprana para la «jubilación»: 31 años. A esa edad, calculaba, habría ganado lo suficiente como para vivir de las rentas y hacer un corte de mangas a la vorágine capitalista: «¡Ahí te quedas, Wall Street!».

Veinticinco años después, Joe Domínguez se ha convertido sin quererlo en el gurú de un movimiento que está haciendo temblar los cimientos de la sociedad americana: el «downshifting» o la simplicidad voluntaria. Según el Trends Research Institute de Nueva York, la vuelta a la simplicidad será una de las tendencias más evidentes de fin de siglo (de aquí a cinco años caerán en sus redes más de cuatro millones de profesionales americanos).

Joe Domínguez, pionero del «downshifting», presume de vivir sin privaciones con 7.000 dólares al año. Comparte gastos y fatigas con su mujer, Vicki Robin, que renunció a hacer carrera como directora teatral para dedicarse a la simplicidad. Juntos firmaron un libro de espectacular éxito, El dinero o la vida, que se ha convertido con el tiempo en la Biblia del nuevo modelo de vida.

«La gente comienza a darse cuenta de que no podemos seguir a este ritmo, que esta carrera de ratas nos lleva de cabeza al abismo», afirma Joe. «Cuando empezamos en los ochenta, eran pocos los que nos comprendían. Ahora que se ha pasado la cosa "yuppy", el fenómeno ha estallado de pronto. Por fin comienzan a darse cuenta de que la calidad de vida no consiste en tener más dinero de lo que puedas gastar, sino en ser dueño de tu energía vital y de tu propio tiempo».

Testimonios de seguidores del DOWNSHIFTING:

  • Nunca es tarde. «Haz lo que te gusta y el dinero irá detrás»
  • «Podría hablarte de decenas de casos de gente que ha dejado un trabajo que le esclavizaba y ha emprendido una nueva vida, a los treinta, a los cuarenta. ¡Nunca es tarde!».
  • «No nos conformamos con ayudar a la gente a alcanzar la independencia financiera y a disfrutar del bajo consumo. Nuestra intención va más allá: reivindicamos el derecho a que se nos vuelva a tratar como ciudadanos, y no como meros consumidores».
  • «No fue un cambio de la noche a la mañana». «Lo llevaba meditando desde hacía tiempo. Me ayudó mucho mi mujer, Jeanne, que nunca sintió la más mínima pasión por el dinero. En cuanto a mí, el sueño americano se estaba convirtiendo en una auténtica pesadilla».
  • «Hace dos años éramos mi mujer y yo; ahora hay más de 30.000 "voluntarios" en el estado de Oregón nadando contra la corriente».
  • «Los seguidores de esta nueva forma de vida conformamos los Círculos de la Vida Simple». «A mi primera tertulia, a principios de los ochenta, vinieron dos personas. Cuando lo intenté por segunda vez, aparecieron 175».
  • «Los padres norteamericanos pasan una media de seis horas a la semana comprando y sólo cuarenta minutos jugando con sus hijos».
  • «Somos un país de adictos al trabajo: buscamos el éxito profesional y el estatus por encima de todo, y dejamos casi siempre de lado nuestra vida personal».
  • «Renuncie al trabajo porque me di cuenta de que era una estupidez trabajar duro para poder pagar la guardería».
  • «Mucha gente piensa equivocadamente que vivir de una manera simple equivale a la pobreza»
  • «Mira a tu alrededor y verás que no nos privamos de nada, de nada que nos haga falta».
  • «Nunca es tarde para optar por uno mismo»..
  • «Aquello no lo entendió nadie, ni mis compañeros, ni jefes, ni amigos. Sobre todo, porque la mía era una profesión mitificada, de prestigio social y con la que se ganaba bastante dinero. Pero me apoyaron».
  • «Siempre me habían dado envidia los artesanos, porque me los imaginaba tranquilos en su tallercito, haciendo objetos que les gustaban, un trabajo muy humano. ¡Eso es lo que yo quiero hacer!, me dije».
  • «Este era mi sueño y acabo de alcanzarlo. El dinero en sí no me interesa. Sólo quiero lo justo que me permita hacer lo que quiero, que es seguir ideando cosas nuevas con seda pintada».
  • «Estaba harto de trabajar con papeles, de las comidas de trabajo, de las reuniones, de estar siempre a disposición de la empresa, toda tu vida en función de la empresa y la empresa que te atrapa. Hasta acabas por restringir el círculo de amistades».
  • «El dinero? Sólo pretendo que no se transforme en una preocupación. No quiero ser rico ni que me falte.
  • «Me di cuenta de que el trabajo me imponía un estilo de vida y una forma de ver las cosas con las que no tenía demasiado que ver y que me hacían entrar en una eterna contradicción cotidiana. Ahora aquí estoy, pasé de todo aquello y no me ha pasado nada. Estoy muy a gusto y muy satisfecho con mi vida».

NOTA: MUY TENTADORA ESTA TEORIA
PERO, NO TANTO QUE QUEME AL SANTO, NI TAMPOCO QUE NO LO ALUMBRE

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